Más de medio siglo de violencia racista

Javier Villahizán (SPC)
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La reciente muerte del afroamericano George Floyd abre de nuevo el debate sobre la brutalidad policial, cuyos agentes matan cada año a más de 1.000 personas y hieren a 50.000

La ira de los manifestantes por la muerte de Floyd llevó a incendiar la comisaría de Mineápolis.

Desde el brutal asesinato del adolescente negro Emmett Till en el estado sureño de Misisipi hace 65 años por piropear a una mujer blanca en una tienda, la sociedad civil estadounidense lucha incansablemente por superar un pasado racista y un presente de violencia étnica. El último ejemplo de ello fue la muerte el pasado lunes en Mineápolis del afroamericano George Floyd a manos de un policía blanco, que acabó asfixiándole con la pierna durante nueve largos minutos, mientras el presunto delicuente gritaba que no podía respirar.
El caso de Floyd, detenido por supuestamente haber pagado con un billete falso, reabre el debate sobre el racismo y la violencia policial en Estados Unidos. Su muerte fue casi un calco de la de Eric Garner en 2014, ahogado por un uniformado de Nueva York con una maniobra ilegal, a pesar de suplicar que no podía respirar. La misma frase que repitió una y otra vez Floyd y que fue registrada en el vídeo que posteriormente se hizo viral. 
Según un estudio presentado el pasado año por la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, casi el 2 por ciento de las muertes de hombres negros entre 20 y 24 años en Estados Unidos fue por disparos de la Policía. El modelo también predice que hay una probabilidad de uno por mil que un joven u hombre de color sea asesinado por un agente, concluye el estudio.
Emmett Till fue asesinado en 1955.  Emmett Till fue asesinado en 1955. Desde Till hasta Floyd han sido muchos los ciudadanos negros muertos y asesinados por racismo, ya sea a manos de las autoridades, de agentes de seguridad privados o incluso por sus propios vecinos. 
Por eso, el caso de esta semana volvió a enceder la mecha del debate sobre la brutalidad policial y volvió a activar el movimiento que surgió en 2012, Black Lives Matter (BLM) (Las Vidas Negras Importan), tras la muerte de Trayvon Martin, un joven estudiante que fue tiroteado cuando visitaba a su familia por voluntario de vigilancia vecinal en Sanford, Florida.
La BLM protesta regularmente contra la muerte de personas negras en homicidios cometidos por agentes, así como por cuestiones más amplias de perfiles raciales, brutalidad policial, y la desigualdad racial en el sistema de justicia penal de los Estados Unidos.
En esta ocasión, las manifestaciones que empezaron en Mineápolis se extendieron rápidamente por todo el país. Aunque inicialmente fueron concentraciones pacíficas, acabaron generarando altercados y graves disturbios en las principales ciudades.
La polémica sobre la discriminación racial y el abuso vuelve a estar encima de la mesa en un país en el que la Policía mata cada año a más de 1.000 personas y hiera a 50.000, según la web Mapping Police Violence, que lleva rastreando la violencia policial en Estados Unidos desde 2013. La página indica que en siete años, los agentes han matado a 7.680 personas, una media de 1.097 cada año, unas tres personas cada día. El 24 por ciento de esas muertes fueron negros, 11 puntos más que lo que estos representan en el censo de todo el Estado: un 13 por ciento.