La oferta de empleo pública llena de alumnos las academias

Óscar Fraile
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Algunos centros han pasado de una media de entre 150 y 200 alumnos hace cinco años a más de 800 actualmente. El Gobierno ha anunciado casi 34.000 plazas para este año y la Junta, más de 5.000

La oferta de empleo pública llena de alumnos las academias - Foto: Jonathan Tajes


Al entrar en la academia Plaza Mayor, ubicada en la calle de Las Mercedes, una enorme corchera muestra diversos carteles con nombres de los alumnos que han conseguido plaza en alguna oposición. Se trata de un grito de aliento. Una forma de trasladar a los que están en esa batalla que es posible ganarla. Un pequeño recordatorio para que nadie tire la toalla en un proceso largo y, a veces, desesperante para los que no aprueban a la primera.
Desde hace pocos años estos negocios viven un momento dulce, como consecuencia de la nutrida oferta pública de empleo que han empezado a recuperar todas las administraciones, lastradas hasta el año 2015 por la crisis y los rigores de la tasa de reposición.
La oferta de empleo pública llena de alumnos las academiasLa oferta de empleo pública llena de alumnos las academias - Foto: Jonathan TajesEntre 2011 y 2015 la convocatoria de oposiciones se redujo a la mínima expresión y, evidentemente, también cayó el número de alumnos en las academias. Para este año el Gobierno ha anunciado casi 34.000 plazas, algunas de las cuales ya están convocadas, a las que hay que sumar más de 5.000 de la Junta de Castilla y León. Y de todo tipo, desde guardias civiles a técnicos de informática, pasando por maestros, auxiliares de enfermería, policías, funcionarios de prisiones, etcétera.
El contraste de la época de ‘vacas flacas’ con la de la mayor oferta de los últimos años es más que evidente. Por ejemplo, en la academia Plaza Mayor han pasado de tener una media de menos de 200 alumnos hace cinco años a más de 700 actualmente. «Hay mucha necesidad de personal después de cinco años con el empleo público congelado», explica Marta Pérez, técnico de formación en oposiciones de este centro, en el que han aprobado casi 400 alumnos desde que se reactivaron las convocatorias, según los datos aportados por la propia academia.
La evolución ha sido muy similar en la academia Veropo, situada en la calle Juan Agapito y Revilla. Su directora, Verónica Lucas, asegura que durante la congelación de los procesos tenían entre 150 y 200 alumnos de media, y ahora esa cifra se ha disparado por encima de los 900. Durante la época de mayor dificultad llegaron a ofrecer formación para plazas en Canarias y para el Ayuntamiento de Madrid, lo que les permitió mantener «cierta estabilidad». «Con el parón cerraron muchas academias y ahora hay otras que han abierto, de modo que los alumnos se están repartiendo», explica.
La oferta de empleo pública llena de alumnos las academiasLa oferta de empleo pública llena de alumnos las academiasDurante este periodo también se ha diversificado el perfil de los opositores. Aunque las mujeres siguen siendo mayoría, lo son en menor medida que hace años. «Ahora hay más hombres, pero el perfil es muy variado, desde jóvenes que acaban de terminar la carrera a personas de entre 35 y 45 años que se han quedado sin trabajo en la empresa privada y pueden permitirse el lujo de estar un tiempo opositando», asegura Lucas. Por su parte,  Pérez asevera que también hay gente de más de 40 años y con 20 de experiencia laboral que está decidida a mejorar su situación. «El perfil ha cambiado, ahora se compite más porque todo el mundo sabe que el de al lado te puede quitar la plaza», añade.
Enfrentarse a este proceso requiere, además de esfuerzo, cierta fortaleza mental. Los docentes suelen dar consejos a los alumnos que empiezan para que sepan cómo afrontar esos meses de estudio. En la misma corchera de la academia Plaza Mayor hay un documento que, bajo el título Consejos para un opositor, recomienda al estudiante que se reconozca como el protagonista que es en la oposición. «Los demás, preparadores, profesores, centro de estudios, etcétera, son personajes secundarios o, simplemente, el decorado de una obra teatral, pero el personaje central eres tú, el opositor... nadie podrá examinarse por ti», reza el documento, que también dice que «lo esencial es que se establezca un horario y que se cumpla», porque «el cuerpo se acostumbra a cierto ritmo y rinde más».
Una oposición, un trabajo. Lucas añade que es importante que el opositor se lo tome «como un trabajo» al que dedicar ocho horas al día, si lo quiere sacar a la primera. Cinco, como mínimo. Pérez incide en que es necesario tener una «mentalidad positiva» y ser consciente de que «en esta vida nadie te regala nada». Además, hay que «tomar una decisión y ser consecuente con ella», es decir, «mantener la motivación», aunque no se saque a la primera.
Suspender también conlleva consecuencias económicas: más gasto en la academia. En Plaza Mayor la cuota mensual por cuatro horas semanales de clase va de 70 a 90 euros, con todo el material incluido. En Veropo son unos cien euros al mes por ocho horas a la semana. Y todo ello sin la garantía de aprobar. En ambos sitios apuestan por la honestidad y siempre trasladan al alumno que el principal trabajo lo tendrá que aportar él.
Sonia Martín, de la academia Marpel, en Arroyo, incide en que esos centros son «un apoyo» que no sirven de nada si el opositor no trabaja: «Es importante que sepan aprovechar el tiempo, hay gente que saca más rendimiento a tres horas que otros a ocho». En este centro, especializado en oposiciones de maestros y profesores de Secundaria, también han notando un importante incremento de alumnos.