Un año de okupación del Marqués de la Ensenada

M.Rodríguez
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El colectivo que ocupó el edificio de la antigua fábrica de harinas La Perla, reconvertido en un fallido hotel de lujo, celebra este fin de semana el primer año de vida de este «proyecto social»

Un año de okupación del Marqués de la Ensenada - Foto: Jonathan Tajes

Los transeúntes que pasan por la avenida de Salamanca, a la altura del Puente Mayor, suelen mirar con curiosidad qué pasa en el edificio de la antigua fábrica de harinas La Perla. Las pancartas reivindicativas y la vida que se intuye en el edificio, sobre todo a última hora de la tarde o los fines de semana, son las muestras más visibles de una actividad incesante que se desarrolla en el interior desde que un grupo decidiera ocupar el emblemático inmueble, que llevaba meses abandonado y sufriendo actos de vandalismo.
Este es precisamente uno de los argumentos del colectivo, denominado La Molinera, para decidir entrar en un inmueble, catalogado de Bien de Interés Cultural (BIC) por estar incluido en el entorno del Canal de Castilla. Además, valoraron también que propiedad legal está en un limbo legal por los problemas del dueño con la Justicia y sus deudas con los extrabajadores del que fuera el único hotel de cinco estrellas de la capital. «Cuando entramos llevábamos seis meses estudiando la ocupación, la situación legal y estado del inmueble», apunta Darío López, miembro del colectivo. «Queríamos llegar con la garantía de una ocupación exitosa, aunque estábamos preparados para un desalojo rápido», apunta.
Esta ocupación no ha dejado indiferente durante estos meses ni a partidos políticos ni a colectivos vecinales y sociales, pero conforme se asentaba en el tiempo ha ido sumando apoyos. El colectivo se ha dedicado a explicar en vivo, con reuniones o por las redes sociales su proyecto de «recuperar para el bien común» este edificio histórico. 
Un año de okupación del Marqués de la EnsenadaUn año de okupación del Marqués de la Ensenada - Foto: Jonathan TajesAntes, durante los tres primeros meses se dedicaron a limpiar «las toneladas» de basura que se acumulaban en su interior. «Por aquí ha pasado gente que nos ha dicho que no está de acuerdo con la ocupación pero prefiere que estemos a que siga abandonado o siga siendo un centro de menudo. Nos encontramos incluso con ketamina», explican. De hecho, han decidido dejar tal cual estaba una de las habitaciones de la tercera planta, donde tras el cierre de la actividad hotelera se originó un incendio, que tuvieron que sofocar los bomberos, para que los visitantes «se puedan hacer una idea del estado del edificio». Además, en un paseo por el interior también se puede ver el expolio que sufrió. «Se llevaron todo lo que tuviera algún valor, desde cables hasta sanitarios».
conexión social. Este esfuerzo por «enraizar» el proyecto con la ciudad se ha basado en que el espacio no fuera conflictivo, que no se confundiera ocupaciones vinculadas al problema de la vivienda y en explicar que los centros sociales autogestionados «son necesarios aunque exista una red potente público». «En estos meses solo hemos recibido la visita de la Policía Municipal el día de la ocupación, cuando identificaron a uno de los miembros del grupo, y dos veces más que vinieron a levantar actas de dos ctividades. Pero no ha habido ninguna denuncia», reiteran. Además apuntan que para comprobar el nivel de apoyo social ha organizado más de un centenar de actividades abiertas al público, aunque siempre se establece un aforo de unas 350 personas «por cuestiones de seguridad». Para llevar a cabo esta programación cultural ha sido importante la instalación de unas placas solares en el edificio, que el colectivo pudo financiar gracias a que recaudaron más de 6.000 euros. Esta vocación de permanencia motivará la reunión que tendrán la próxima semana para «revisar» su plan anual y marcarse retos de futuro. Su intención es que el centro social La Molinera se perpetúe en el tiempo.


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Un año de okupación del Marqués de la Ensenada - Foto: Jonathan Tajes
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