LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Rebelión en el fuerte

23/10/2020

Es difícil sacar conclusiones de sucesos lejanos cuya repercusión se nos escapa, por eso es conveniente tomarse un tiempo para la reflexión. El conflicto entre Armenia y Azerbaiyán nos retrotrae a esos tiempos cuando la Unión Soviética modificaba las fronteras de sus repúblicas para construir el paraíso comunista. Se dice que durante algunas largas noches, con una nada despreciable cantidad de vodka, se impulsaron cambios no siempre afortunados.

El hombre soviético pensaba que sus deseos eran órdenes y en el peor de los casos, creía que generaría tal caos que haría imposible la ruptura del Estado. La historia nos ha demostrado el error intelectual, porque el Estado moderno más grande descubrió que el terror no es suficiente pegamento para mantener una ficción viva. Los jerarcas chinos confunden el pasado soviético con tibieza y asumen que a sus dirigentes les faltó determinación; más bien, los líderes soviéticos del momento sabían que tenían culturas demasiado diversas para salir victoriosos. China posee una homogeneidad étnica que ya quisiera la Rusia actual, pero eso no evitará que el Partido actúe con una fuerza desmedida para ocultar sus debilidades.

Y en este punto volvemos a la conclusión equivocada de Rusia. La caída de la Unión Soviética no fue fruto de mala suerte o falta de voluntad política de la élite moscovita. Otros hombres habrían elevado el coste en vidas humanas, pero el anhelo de libertad y el fracaso económico y social era demasiado evidente incluso para los comunistas. Otra cosa distinta es que nunca es bueno que te gobierne después un borracho; perdón, alcohólico.

Vladimir Putin era el relevo natural, pero ha desaprovechado todos estos años al no centrarse en las vulnerabilidades estructurales de Rusia. Este maravilloso país, con un magnífico capital humano, solo es competitivo en la extracción de recursos energéticos y sufre una crónica sangría demográfica. La regulación y la endémica corrupción asfixian a la iniciativa privada. La clase media solo desea que sus hijos emigren porque aceptan sumisamente que la reforma está avocada al fracaso. Y las dimensiones del país rodeada de vecinos muy poblados augura un futuro pésimo.

Putin ha conseguido modernizar el ejército y hacerse respetar, pero sin enfrentase a los problemas reales. La fuerza bélica debe de ser la consecuencia de una sociedad dinámica, o de lo contrario las aventuras militares acabarán mal. La gloria militar no trae prosperidad económica ya que ésta requiere otros cimientos. Turquía lo va a descubrir de manera dolorosa.