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Los Cazenave, acreditados artistas en piedra y mármol

Jesús Anta
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Importantes obras, como panteones, lápidas y altares, llevan la firma de esta familia

Los Cazenave, acreditados artistas en piedra y mármol - Foto: Jesús Anta

Cazenave ha sido acaso el más señero marmolista de Valladolid. Hablamos, en realidad, de una marca familiar a la que estuvieron vinculadas dos generaciones: Domingo y su hermano, y Carlos, hijo de Domingo.

En algunos libros de historia de Valladolid del siglo XIX, se cita a Domingo como el más destacado marmolista: un verdadero artista que trabajaba mucho y bien. Sus variados trabajos (panteones, altares, lápidas, etcétera) eran de tanta calidad como los que se hacen en Madrid, se llegó a escribir.

Nuestro reputado historiador Ortega Rubio dijo de él que se trataba de un artista en la categoría de las artes bello-útiles, es decir aquellas obras de arte destinadas a uso. E indicaba que era el maestro de los mejores y más bellos mausoleos del cementerio.

Verdaderamente es difícil hacer mayores elogios de un artesano que superaba ese estadio para situarse en el parnaso de los artistas.

Corría el año 1854 cuando abrió sus puertas la firma Cazenave y hermano. Se anunciaba como un «almacén de mármoles del Reyno y extranjeros», sito en la calle Orates (actual Cánovas del Castillo).  Se dedicaba a la elaboración de toda clase de objetos en piedra: muebles, chimeneas, panteones, altares, esculturas, e incluso retratos personales grabados en mármol.

Domingo, durante un tiempo junto a su hermano, entre otras cosas y a propuesta suya, con el parabién del Ayuntamiento, enlosó en 1862 la acera de San Francisco (el lateral de la Plaza Mayor frente al Ayuntamiento) con mármol de los Pirineos.

Por supuesto el taller de Cazenave vivía de los encargos relacionados con el cementerio e iglesias. Por ejemplo, en 1875 un feligrés de la iglesia del Salvador encargó la elaboración de pilas de agua bendita que iba donar a dicha parroquia. Pero también los Cazenave vivían de numerosos encargos de particulares: labrar pilas de fregar, mesas de cafeterías y otra mucha variedad de trabajos en piedra.

En 1877 Domingo se instala en la calle Chancillería con vuelta a Real de Burgos, en un local de su propiedad. Cuatro años después inicia los trámites para construir en el solar una notable casa destinada a vivienda y taller. En esta gran casa, más tarde se estableció la Escuela de Comercio y allí estuvo hasta 1939 (de la que fue director el padre de Miguel Delibes), año en que se trasladó al nuevo edificio mandado construir para tal fin en la calle de la Estación.

Para hacernos más cabal idea de esta saga de marmolistas, podemos indicar que en 1913 Carlos Cazenave, hijo de Domingo y que estaba al frente del negocio desde finales del siglo anterior, solicitó licencia para colocar cuatro lápidas en otras tantas sepulturas de Zorrilla, Muro, Macías Picavea y Almirante Torroella, que a la sazón estaban enterrados en el Panteón de Personas Ilustres del cementerio del Carmen, y que él correría con los gastos. Era tanto una forma de publicitarse como de demostrar su espíritu altruista.

Ocho años después, el taller de Cazenave también hizo una donación de dos pilas para el templo católico de Nador, la capital del Rif. Eran años de grandes manifestaciones de patriotismo en defensa de los intereses españoles en Marruecos, y de apoyo a la tropa colonial que se batía en aquellas tierras.

La firma Cazenave figura en algunas de las más importantes lápidas instaladas en edificios institucionales, como el Ayuntamiento de Valladolid, dedicadas a recordar efemérides o personajes. En la foto, uno de los panteones de Cazenave.