Renault reduce la producción y mantiene la incertidumbre

Óscar Fraile
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Montaje fabricó 43.900 coches hasta abril, un 44% menos, y Motores, 274.000 unidades, un 45% menos. Las plantas están inmersas en las dudas por la reducción de plantilla que impondrá Francia, las ayudas del Gobierno y el nuevo convenio

Una trabajadora de Renault en la cadena de Montaje. - Foto: Miriam Chacón (Ical)

El parón impuesto por la crisis sanitaria supondrá un importante agujero en la cuenta de resultados de la mayor parte de las empresas de España. También de las multinacionales, y Renault no es una excepción. Será muy difícil recuperar todo el terreno perdido estas semanas en materia de producción. La de la multinacional gala ha caído casi a la mitad en los cuatro primeros meses del año. Según los datos facilitados por la compañía, entre enero y abril salieron de la cadena de Montaje 43.900 vehículos, lo que supone un 44 por ciento menos respecto a los 78.200 del mismo periodo del año pasado. Una bajada casi calcada a la de Motores, que ha pasado de 497.000 a 274.000 propulsores, un 45 por ciento menos.
Las fábricas de Renault en Valladolid han vivido muchos momentos de incertidumbre, con amenaza de cierre incluida en algún caso. Pero quizá en ninguno de ellos había tantos frentes abiertos como el actual. Bien es cierto que el presidente del consejo de administración, Jean-Dominique Senard, y la consejera delegada de la empresa, Clotilde Delbos, arrojaron algo de luz hace unos días al garantizar la continuidad de las plantas españolas después de que se especulara con  una posible ‘repatriación’ de la producción a Francia, pero eso no significa que España está excluida del plan de reducción de unos 10.000 empleos en las fábricas que están fuera de Francia. Es más, fuentes de la compañía aseguran que tanto Valladolid como Palencia se verán afectadas por ese recorte, que se intentará hacer con medidas no traumáticas, es decir, con jubilaciones anticipadas y bajas voluntarias, siempre mediante acuerdos con los representantes de los trabajadores. Unos sindicatos que, por ahora, no conocen mucho más de los planes que lo que Senard y Delbos comentaron en su comparecencia pública. Tampoco está garantizado que se vaya a mantener el nivel de producción en Valladolid y Palencia, toda vez que esto es un factor que depende de un mercado cada vez más imprevisible. Tal es el nivel de incertidumbre que el próximo consejero delegado, Luca de Meo, ni siquiera se ha incorporado todavía a su puesto en sustitución de Carlos Ghosn. Lo hará en julio.
Y no parece que los cambios vayan a llegar de forma atropellada. El plan de Renault, que ni siquiera es un plan en firme, ya que en su comunicación oficial habla de proyecto de plan, tiene un plazo de ejecución de tres años para reducir unos 2.000 millones en costes fijos (800 en la mejora de la eficiencia y reducción de costes de ingeniería, 650 en la optimización de procesos industriales y 700 millones en la mayor eficiencia de las funciones de soporte).
El primero de esos puntos también podría contribuir a una reducción de la plantilla en Valladolid, puesto que contempla la «aceleración de la transformación de las factorías mediante la generalización de las herramientas de la Industria 4.0». Es decir, una tendencia a una mayor automatización de procesos. Y no hay que olvidar que la planta de Valladolid ha sido una de las tres de Renault en el mundo elegidas para implantar este plan piloto, junto a las de Cleon (Francia) y Curitiba (Brasil).
Evolución de la demanda

El nivel de producción, como siempre ha sucedido, vendrá determinado por la demanda, así que indirectamente también lo hará por el plan de ayudas a la automoción que en los próximos días presentará el Gobierno, tal y como avanzó esta semana la ministra de Industria, Comercio y Turismo, la vallisoletana Reyes Maroto. Un plan que contendrá incentivos para la renovación del parque con coches menos contaminantes, cambio de la fiscalidad y liquidez para las empresas, así como medidas de ámbito laboral. Este anuncio que pretende reactivar la demanda, golpeada desde hace semanas por la crisis sanitaria y desde hace meses por otros factores, como la incertidumbre del cambio de movilidad y las dudas sembradas sobre los vehículos diésel. 
Actualmente ninguna de las plantas de Renault trabaja al cien por cien, dentro del proceso de progresiva vuelta a la normalidad tras el parón impuesto por la crisis sanitaria. La factoría de Carrocería-Montaje trabaja a dos turnos, con el 80 por ciento de la plantilla, y sin fecha todavía de reinicio del medio turno de noche, tal y como confirman fuentes de compañía. Más camino por delante tiene la factoría de Motores, donde solo se trabaja a un turno y con el 30 por ciento del personal. En este caso tampoco hay fecha fijada para el incremento de actividad, como sí sucede en Palencia, donde el turno de tarde regresa este lunes. Todos los empleados que no se han incorporados siguen dentro del ERTE, cuyo periodo de aplicación se ha extendidos hasta finales de este mes de junio.
Los trabajadores son conscientes del momento delicado que atraviesa la compañía y han optado por la prudencia de cara a sus perspectivas de futuro. UGT se felicitó en un comunicado de la continuidad de las plantas españolas, fruto, a su juicio, «del trabajo bien hecho en los últimos años». Pero avisa: «el contexto de crisis mundial que nos acecha nos impide estar tranquilos a largo plazo». Por eso pidió al Gobierno que ponga en marcha medidas de ayuda al sector. 
Negociación del convenio 

Otro frente que hay abierto a medio plazo es la negociación del convenio colectivo, cuyo periodo de aplicación finaliza este año. Los representantes de los trabajadores creen que aún es pronto para pensar en ello, pero son más que conscientes de que la situación de la empresa podría condicionar el tira y afloja propio de estos procesos. Saben que no es un buen punto de partida para ellos, dentro de un contexto general de recorte de gastos. Rubén González, de CCOO, aboga por esperar a ver cómo evoluciona el mercado durante los próximos meses, y avanza que el sindicato afrontará la negociación «con responsabilidad», pero «siempre defendiendo los derechos de los trabajadores». Eso sí, reconoce que el actual «no es el mejor escenario para una negociación».