Las micropymes ganan peso en la última década

Óscar Fraile
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Las micropymes ganan peso en la última década

Las empresas con menos de diez empleados representan el 95,4 por ciento, frente al 94,1 de hace diez años, mientras que las de más de 50 han caído en ese periodo

El director general de Iberaval, Pedro Pisonero, dijo hace poco más de una semana que el tamaño de las empresas era uno de los principales problemas para la innovación y una desventaja en España respecto a otros países europeos que cuentan con firmas de mayor tamaño y con más margen para invertir en Investigación y Desarrollo. Lo cierto es que las micropymes, es decir, las que tienen menos de diez trabajadores, son mayoría en todos los países del mundo. Pero con matices. Mientras en España representan el 95,4 por ciento, hay otros países, con Alemania, donde esa concentración se limita al 83,5 por ciento. En Austria son el 87,2 por ciento; en el Reino Unido, el 89 por ciento; y el Dinamarca, el 89,1 por ciento, según los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Valladolid presenta unos datos acordes con la media española. Es decir, un 95,4 por ciento de micropymes. La mala noticia es que las empresas de menor tamaño no han dejado de ganar terreno en la última década a las más grandes. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el año 2008 el 94,1 por ciento tenían menos de diez trabajadores, frente al 95,4 por ciento actual. Además, las que tienen menos de tres empleados han pasado del 79,2 al 82,5 por ciento en este periodo; y las de menos de seis, del 89,4 al 91,7 por ciento. Por el contrario, las empresas de más de 50 trabajadores se han reducido del 0,81 por ciento de hace una década al 0,73 por ciento actual.
Una evolución que es consecuencia de la destrucción de empleo que se registró durante la crisis económica. El cierre de empresas de medio tamaño dejó un reguero de despidos, y buena parte de los afectados decidieron invertir su indemnización en la creación de otro negocio que, obviamente, tenía un tamaño muy pequeño. Eso es lo que explica el decano-presidente del Colegio de Economistas de Valladolid, Juan Carlos de Margarida. «La crisis destruyó mucho empleo con la desaparición de empresas que, o bien se habían endeudado mucho, o no eran competitivas y no fueron capaces de adaptarse a las nuevas tendencias, sobre todo exportadoras», señala. Esto hizo que «desapareciera un conjunto muy importante» de las empresas de Valladolid.
Las cifras del INE avalan lo que dice De Margarida. La provincia cerró el año 2008 con un récord de empresas en activo: 36.053. Durante los seis siguientes ejercicios esa cifra no dejó de bajar, hasta las 32.790 del año 2014. Es decir, 3.263 empresas menos en seis años. Y miles de personas en la calle. «Las que se mantuvieron lo hicieron, fundamentalmente, por las exportaciones o porque Valladolid es una provincia con muchos funcionarios que tenían unos ingresos constantes que, aunque no se gastaban, estaban ahí», añade el economista.
En ese escenario, las empresas empiezan a crearse a cuentagotas y casi siempre lo que De Margarida denomina «empresas de subsistencia». Es decir, individuales o sociedades de responsabilidad limitada, que se pueden poner en marcha con un capital mínimo de 3.000 euros. Según los datos del INE, estas sociedades han pasado de 11.015 en 2008 a 11.450 actualmente.
Pocas de las empresas creadas en estos diez años tienen relación con el sector industrial, y la mayor parte de ellas estaban vinculadas al sector servicios. Muchos de los despedidos decidieron darse de alta como autónomos y trabajar dentro del mismo sector en el que antes eran asalariados. «Estos factores explican el incremento de microempresas que se ha producido en Valladolid», señala el representante del Colegio de Economistas.
Al igual que sucede en Europa, en España la concentración de micropymes es más acusada en los terriotorios con menor desarrollo económico. Basta con comparar las cinco provincias con el mayor porcentaje de micropymes: Ávila (97,1 por ciento), Zamora (97 por ciento), Cáceres (96,8 por ciento), Orense (96,7 por ciento) y Lugo (96,7 por ciento) con las cinco que tienen un menor volumen: Álava (92,6 por ciento), Guipúzcoa (94 por ciento), Vizcaya (94,3 por ciento), Navarra (94,4 por ciento) y Barcelona (94,9 por ciento).
Dificultades para crecer. No siempre crecer es una cuestión de voluntad. Según De Margarida,  «el vallisoletano es una persona trabajadora, seria y responsable, pero muy corto de miras, lo que le impide atreverse a dar un paso más allá si no ve resultados muy rápido». No es fácil hacerlo, pero él recomienda seguir unos pasos para evitar que la inversión que requiere aumentar de tamaño no se vuelva en contra de la propia empresa. «Hay que ver la información que tienes alrededor y procesarla, es decir, todo lo que se refiere a productos, competidores, consumidor, mercado, tendencias, etcétera», señala. El segundo paso es analizar el público objetivo que tiene la empresa y cómo puede cambiar en los siguientes años, ya que ese target no es una foto fija. El tercer paso es analizar la posibilidad de crear nuevos productos y, una vez que se sacan al mercado, desarrollar una nueva estrategia de marketing. Todo ello con una buena planificación financiera.
Durante los últimos años han sido varias las organizaciones empresariales que han alzado la voz sobre la necesidad de fortalecer el tejido empresarial de la provincia a través del aumento de tamaño de las mismas. En 2017 lo hizo Empresa Familiar de Castilla y León dentro del Informe sobre el estado del gobierno de la empresa familiar en Castilla y León. Un documento que apuntaba al tamaño de las empresas y a sus carencias en la comunicación interna como dos de los principales puntos débiles.
También la presidenta de la Confederación Vallisoletana de Empresarios, Ángela de Miguel, se ha referido al tema en varias ocasiones. La última, esta misma semana, durante la presentación del programa Valladolid Consolida Pyme Rural, cuando señaló que España es uno de los países de la Unión Europea con una menor dimensión empresarial, 4,6 empleados por empresa. Por eso alabó este programa, impulsado por la propia CVE y la Diputación de Valladolid para consolidar empresas ya existentes, ya que, según De Miguel, eso es algo «bastante más fácil» que crealas nuevas. Una filosofía que también dejó clara el año pasado, cuando pidió a las administraciones públicas que lleven a cabo políticas de consolidación de empresas, sobre todo en el ámbito rural, pero también para que las pequeñas puedan pasar a ser medianas.
Ventajas y desventajas. Los expertos coinciden en que una de las principales desventajas de ser una micropyme es la escasa posibilidad para innovar e investigar. Pero hay más. Según De Margarida, suelen tener más problemas para conseguir financiación y para llegar a un mayor número de clientes, además de ser más vulnerables en los cambios de ciclo económico. Otras desventajas son un menor poder negociador con los proveedores, ya que compran menos volumen, y la posibilidad de tener personal menos capacitado, ya que «los mejores» se suelen ir a las grandes compañías y a las multinacionales. De hecho, son las propias empresas las que van a buscarlos a la universidad.
Pero también apunta algunas ventajas. Por ejemplo, la posibilidad de estar más cerca de los clientes que una multinacional y una mayor flexibilidad y, por ende, tapidez para tomar decisiones importantes.