Los 'cibertimos' se duplican y ya se denuncian tres al día

A. G. Mozo
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Las denuncias por estafas virtuales rozan ya el millar en Valladolid, mientras cada vez hay menos timadores tradicionales. Pese a ello, estos clanes, ahora con mayor itinerancia, siguen dando algún que otro tocomocho

Los 'cibertimos' se duplican y ya se denuncian tres al día

Miércoles. 2 de octubre. Un día más en la vida de una octogenaria del barrio de La Rubia que ese día, como cada primeros de mes, salía del banco con su libreta actualizada. Dos chicas jóvenes, «muy simpáticas», entablaron una conversación con ella mientras una tercera mujer, más mayor, entraba en la escena poco después para convertirse en la protagonista de una obra de teatro que acabaría en un tocomocho de 4.500 euros. La última en aparecer ofreció a las otras tres -la víctima y las dos que hacían de ganchos- tres décimos de Lotería premiados porque debía irse esa misma mañana a Galicia y no le daba tiempo a cobrarlos. Las compinches simularon validar que la señora no mentía y que los décimos tenían premio hasta convencer a la anciana del negocio que harían las tres. La acompañaron hasta a dos sucursales, una de ellas en la otra punta de la ciudad, en La Rondilla, y completaron su cruel plan. 
Es el último tocomocho que se ha conocido, perpetrado por un clan itinerante y al que se busca, por ahora, sin éxito. Las últimas de una estirpe de delincuentes que están en vías de extinción y que perviven a base de añadir a su arte una elevada movilidad. «El timo tradicional lo siguen haciendo los mismos clanes desde hace años. Se pasa de generación en generación, pero con la salvedad de que ahora no tienen las mismas dotes para la actuación y que son itinerantes, ya que en una ciudad nos conocemos todos», apunta un experto policial a El Día de Valladolid. «Ahora están durante diez o quince días en una ciudad, dan el máximo de palos y se van a otro sitio».

ENGAÑO Y PUESTA EN ESCENA

«Se puede pensar que estos timos son sobradamente conocidos pero lo cierto es que se sigue cayendo», asevera este policía. «Para considerar que estamos ante un timo, hay dos elementos imprescindibles: que se produzca un engaño y que haya una puesta en escena», detalla este veterano investigador, que añade que «los timos son como una obra de teatro, porque cuanto mayor sea la parafernalia, mejor».
En el caso del de la estampita o el timo del tocomocho, «son dos o tres personas» para hacer picar al «primo», a la víctima, pero «en otros intervienen más personas». «Está también el del pasteleo (cuando se vende un producto como auténtico siendo falso), el nazareno (engaño a proveedores después de hacer y pagar una serie de encargos, hasta que, conseguida confianza con la ‘víctima’ se hace un gran pedido y no se abona), los falsos revisores (que cobran por servicios que no prestan), las falsas enfermedades (se piden donaciones para una persona o un colectivo)...», enumera. 
La esencia sigue siendo la de la estampita o el tocomocho, pero «se han adaptado a los nuevos tiempos, porque ya no es habitual ver a uno haciéndose pasar por el ‘tonto’, que es como se hacía el tocomocho o el de la estampita antes, como en la película (Los tramposos, de Tony Leblanc y Antonio Ozores)». «Pero la esencia es la misma», insiste. 
El mejor ejemplo es el del timo de las cartas nigerianas, que es de los virtuales, pero que se basa en un tocomocho. «Te llega un mail diciendo que te ha tocado la lotería de un país en el que no has estado y a la que no jugabas, pero te van embaucando bajo la premisa de la avaricia por ese premio que dicen que te ha tocado. Al final hay que pagar unas tasas para recibir esa cantidad y se abonan doscientos o trescientos euros. Y no llega ningún premio, claro. Es lo mismo, pero en una versión a través de internet, que es a donde están derivando muchos de los timos».

UNA 'CIBERESTAFA'

Porque lo cierto es que cada vez son más las estafas online que se dan y que no son otra cosa que un timo, aunque de los virtuales. En el último año, la Policía y la Guardia Civil recibieron en la provincia de Vallladolid 913 denuncias por ‘ciberestafa’, el triple de las que se daban hace solo cinco años y que suponen ya un tercio de todas las estafas que se ponen en manos de las Fuerzas de Seguridad. De timos como tal no hay datos de cuántos se producen porque «en el Código Penal no se distingue entre la estafa grande y la pequeña, que sería el timo; las ‘estafitas’, que es como se las llamaba antes, cuando se daban mucho más», recuerda.
«La esencia del timo virtual es la misma que en un tocomocho de los de toda la vida, siempre el engaño, de parte de los timadores, y, de la de la víctima, la avaricia, para que pique y entre al juego; esto suele ir siempre sobre la base de aquello que se decía querer duros a cuatro pesetas».
La gran diferencia para la Policía está en «el presunto anonimato que les proporciona internet a todos esos timadores ‘online’, cuyo modus operandi no tiene nada que ver con la parafernalia que se exigía en el timo tradicional, en el cara a cara». «En el timo virtual lo que hace es que el estafador pueda evitar ese cuerpo a cuerpo con la víctima, que es muy difícil», reconoce.
Porque ahí es todo más fácil. El teatrillo obligado de todo timo se hace con el teclado y sin mostrar la cara. «El phishing es una especie de ataque informático, pero que en realidad es un timo. El engaño es que te hacen creer que entras en la página web real de tu banco, pero  es una falsa, y en un momento dado se solicitarán todas las claves que, en el fondo, se las acabas de dar al estafador. A partir de ahí, a vaciar la cuenta corriente», explica este experto. Una estafa que también ha derivado en el llamado ‘phishing de voz’, que se produce tras una compra en una web fraudulenta: «El producto no llega y una llamada de una persona que afirma ser de tu banco, te dice que ha detectado el fraude y que si le das una serie de claves personales de tus cuentas, se te hará el abono». Timo al canto.
«El phishing es el mejor ejemplo, pero hay más, vinculados con la usurpación de la identidad para la compra de líneas de teléfono con las que se obtiene un beneficio que puede ser un móvil y que, luego, la compañía tratará de cobrar a la persona a la que se timó, a la que se usurpó la identidad», concluye.