Investigan si los atracadores de Mota actuaron en Rioseco

A.G.M.
-

El 'modus operandi' coincidiría con el último atraco en Mota del Marqués pese a que los separan año y medio. En los tres casos buscaban el dinero de la caja fuerte y llegaron a encerrar a los empleados y esperar el retardo de seguridad

Investigan si los atracadores de Mota actuaron en Rioseco

El atraco a una sucursal de Mota del Marqués, hace dos semanas, ha abierto una investigación para tratar de conectarlo con otros dos asaltos a bancos registrados en el último año y medio en la provincia de Valladolid, y en los que el modus operandi utilizado sería similar: el registrado en noviembre de 2017 en un Banco Santander de Tudela de Duero y el de abril de 2018 en una oficina de Caja Rural de Medina de Rioseco.
Los tres casos están en manos de la Unidad Orgánica de Policía Judicial (UOPJ) de la Comandancia de la Guardia Civil de Valladolid. En dos de ellos, los autores fueron dos hombres y en el otro, si había ese segundo ladrón, no llegó a entrar en la sucursal. En dos de ellos, se eligió el horario de apertura, el de las ocho de la mañana, mientras que en el tercero se optó por las 13.30 horas, en la franja final de la atención al público.
La caja fuerte. Pero si hay un factor en común en los tres casos, y que resulta sorprendente por lo inusual y arriesgado, es el hecho de que los dos ladrones no dudaran en encerrar a los posibles testigos y esperar en el interior de la sucursal a que la caja fuerte se abriese. Pese al sistema de seguridad de apertura retardada y al riesgo de que pudiese entrar un cliente en medio del robo o que la Guardia Civil hubiese sido alertada sin que ellos se enterasen.
Dos de los tres robos fueron un éxito, mientras que de Medina de Rioseco se tuvieron que ir de vacío, cuando la apertura retardada de la caja fuerte ya estaba en marcha. En los tres consiguieron huir antes de que  los empleados diesen la voz de alarma, por lo que no hay testigos directos que pudiesen apuntar si escaparon en tal o cual coche, ni tampoco se tiene una descripción muy concreta, toda vez que en las grabaciones de seguridad de las cámaras aparecen evitando que se les reconozca el rostro, bien por su postura antes de que les abriesen la puerta, bien porque ya estaban cubiertos.
El primero de los tres atracos se produjo el 9 de noviembre de 2017 en un Banco Santander situado en la avenida de Valladolid de Tudela de Duero. Fue sobre las 13.30 horas, cuando había cuatro empleados y un cliente en el interior. Un hombre, armado con un revólver y oculto con un gorro negro y unas gafas de sol, encerró a los cinco en un baño de la oficina y se llevó el dinero de la caja, un botín cuya cuantía no trascendió.
El segundo atraco ocurrió el 12 de abril de 2018 en una oficina de Caja Rural de Medina de Rioseco, sobre las ocho de la mañana. Ahí sí que fueron dos los atracadores y consiguieron que los empleados llegasen a activar la apertura de la caja fuerte, pero el nerviosismo se apoderó de ambos antes de que el retardo franquease el acceso a los billetes. Huyeron de vacío.
40.000 euros en mota. Mucho mejor les fue -si se confirmase que son los mismos- en el último de sus atracos en la provincia durante este año y medio, ya que se hicieron con un botín de 40.000 euros, tal como confirmó El Día de Valladolid. Fue el pasado 9 de mayo, cuando dos personas asaltaron la oficina de Unicaja en Mota del Marqués. El atraco se produjo a las 8.45 horas, cuando un hombre llamó al timbre de la entidad, le abrieron y, justo al entrar, se puso una capucha y una braga de cuello para, acto seguido, sacar un arma corta con la que amenazó a los tres empleados que había dentro en ese momento y a los que exigió que abriesen la caja fuerte. A continuación, les metió en una habitación y les obligó a que estuviesen tumbados, aunque con la puerta entreabierta.
Después, se dirigió a la puerta y abrió al otro atracador. Juntos ya permanecieron durante los poco más de diez minutos que duró el asalto, el tiempo que necesitaron esperar a que se abriese la caja y se pudiesen hacer con el citado botín de 40.000 euros. Con el dinero en su poder, escaparon antes de que los empleados pudiesen dar la voz de alarma.