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«Han sido seis años muy duros y creo que el cambio es bueno»

M.B
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Mike Hansen fue jugador en Estados Unidos, Alemania y, por supuesto, Valladolid, jugando con, entre otros, O'Neal u Óscar Smith. Desde 2015 presidió el CBC, hoy Real Valladolid, hasta el pasado lunes, cuando anunció su salida

Mike Hansen, en una imagen de archivo. - Foto: J.TAJES

Con una sonrisa de oreja a oreja, más relajado que nunca, sincero, directo y con ganas de «vivir». Mike Hansen anunció el pasado lunes su salida del Real Valladolid Baloncesto, del CBC Valladolid que fundó en 2015 con otros 13, «más o menos», socios. Con mensajes aún sin leer en su móvil, explica sus sensaciones, el porqué de su adiós y lo que significa el baloncesto para él.

Se le ve liberado.

Sí. Me siento en paz, feliz. Porque he visto a mi familia feliz –ellos me han visto sufrir, llegar a cada con disgustos...– y porque veo que el proyecto está como me hubiese gustado dejarlo: con un equipo respetado en la LEB Oro, un respaldo del Real Valladolid de cara al futuro, saneado y con esponsors (UEMCpara dos años más e Iveco para la cantera), con aportaciones institucionales récord... y con Roberto González, un entrenador ‘cortado’ al milímetro para lo que es la filosofía del club; más Pepe Catalina, que todo el mundo sabe lo que es; David Enciso en cantera... y una directiva con experiencia. Creo que era el momento. No es mi estilo irme cuando las cosas vayan mal o cuando hay éxitos (ACB). Buscaba que hubiese baloncesto, que la gente disfrutase y haya un equipo de baloncesto.

Sorprendió de primeras. Aparte de su familia, ¿lo sabía alguien más?

Hablé primero con Feñe, Pedro Mateu y David Enciso. Y como sabía que el lunes iba a ver al equipo, quise hacerlo con Sergio de la Fuente, Roberto y Pepe. Esas son las seis personas con las que quería hablar cara a cara sobre esto. Son amigos y gente cercana, quería explicarles el porqué y agradecerles. No quería con nadie más y no quería que se filtrase; y si llego a hacerlo en directiva, posiblemente me hubiesen convencido para quedarme. 

Es un paso a un lado, ¿definitivo?

No me gustan segundas partes. Sería una falta de respeto pensar en que puedo volver. Me gustaría y quiero aportar al club en otro prisma o situación: ayudar al presidente y, quizá, en la cantera, con formación y si se necesita a jugadores del primer equipo, en técnica o tiro. Me tienen para lo que quieran.

Y en el seno del Real Valladolid, ¿le pidieron que se lo pensara?

No se lo esperaban, pero me dijeron que lo respetaban al cien por cien. Me dijeron que contaban conmigo, que entienden mi razonamiento y que ésta es mi casa, y que me querían cerca. Les dije que necesitaba disfrutar del club, al que quiero como un hijo, pero de otra manera, sin presión ni esa responsabilidad tremenda. Ir a los partidos y a ver a mi hijo... trabajar con la cantera en otra faceta. Han sido seis años muy duros desde la nada, con anécdotas para hacer un libro. Y creo que el cambio es bueno.

¿Cuándo tomó la decisión?

Este verano le di muchas vueltas y cuando he vuelto, ya terminé por decidir, pensando en un año nuevo. No quería llegar al punto de saturación o de manía o de pelea con alguien. Pensé en que sin empezar partidos, con el equipo bien, con la renovación de Iveco, con la UEMC... era el momento.

Cuando uno se va siempre se queda con algo muy positivo y con algo negativo...

Hay muchas cosas. Un momento de euforia fue el triple de Wade-Chatman (desde el medio del campo en las semifinales del playoff de ascenso a LEBOro en 2017), pero me quedo con haber tenido dos años seguidos a 9 vallisoletanos en el equipo en Plata y ascender con ellos más tres extranjeros. Fue brutal porque era la filosofía pura del club. 

Y en lo negativo hay dos. El cese de Iñaki Martín fue durísimo y posiblemente injusto. Asumo la responsabilidad y la culpa porque nunca he visto a un entrenador tener tantas cosas en contra, y no se quejó nunca. Y la salida y enfrentamiento entre Paco García y Javier Casado, que fue una bomba, un momento muy delicado del club porque era volver a las malas noticias del pasado. Paco era el entrenador y nos llevó a LEB Oro, pero si no es por Javier no hubiese habido club: aparte de lo de la moto el primer año; en el segundo, cuando descendimos, nos quedamos muy solos. Él, Feñe y yo, con el beneplácito de mi mujer, avalamos personalmente para dar una segunda oportunidad al baloncesto. Nos jugamos todo y salió bien. Por eso no fue justa su salida, aunque él cometiese fallos, como yo y Paco. Pero tras esos dos momentos tardé, como presidente, en cicatrizar heridas.

Y lo de no subir a ACB...

He sido jugador y cuando te ganas algo en la pista... Pero el baloncesto español es como es y no es el fútbol, que encima te da pasta cuando subes. Es el fallo del baloncesto, no se da cuenta de que cuantos más mercados tenga de ACB la Liga ganará más. Un coto cerrado es erróneo. Nosotros no podíamos y con la pandemia, ¿con qué cara voy a pedir a las instituciones que me den dinero para la ACBcuando hay empresas y familias pasando hambre? Por eso lo tuvimos claro, no era el momento, no estábamos listos. Da rabia pero hay que ser responsable.

¿Seguirá yendo a Pisuerga? ¿Le apetece?

Tengo muchas ganas, me encanta cómo entrena Roberto y el equipo que han confeccionado con Pepe Catalina. Creo que veremos a un equipo rocoso y batallador atrás. Hay buena mezcla. Sufriré seguro, más que un aficionado normal, pero estaré feliz entre la gente.

¿Cuándo ve preparado a Valladolid y al club para ACB?

Ahora estamos en la mitad de la tabla a nivel presupuestario. Pero es un proceso y no es bueno forzar la máquina; que venga naturalmente. Hay dos cosas que tienen que ocurrir: que la masa social crezca bastante, es fundamental; no puedes estar en ACB con 2.000 socios, hay que conseguirlos en LEB (cuando Pisuerga se llena es un sitio especial). Y es importante el fútbol, somos hermanos, y tiene que volver a 1ª, porque da dinero y fortaleza al club. No sé si se llegará a ACB en dos o tres años, pero llegará.

¿Qué es el baloncesto para usted?

¿Qué es? Todo, mi familia y el baloncesto, me lo ha dado todo. Me ha llevado a sitios donde nunca hubiese ido, me ha dado una educación en Estados Unidos, jugar con grandísimos jugadores... lo que más adoro del baloncesto es que nunca miente: hay un balón y un aro a 3,05; o entra o no entra. Tú le das y él te da. Y en esta aventura loca he confiado en el baloncesto y él me ha dado lo que yo le he dado. 

¿Ha perdido mucho dinero en esta aventura?

He tenido que cancelar muchas clases (Mike Hansen es profesor de inglés particular y en Vaughan) estos seis años. Pero ha merecido la pena y no me arrepiento. 

¿Y momentos familiares?

Sí. Me he perdido partidos y Campeonatos de España de mis hijos (tiene tres, de 14, 18 y 24 años). También cumpleaños. Sobre todo los dos-tres primeros años. Incluso muchos jueves, cuando nos dejaban montar la pista, me llevaba a la familia a hacerlo. Allí estaban Javier, Pellitero, Teo... Pero es lo que tocaba. Por eso quiero tanto al club, ese vínculo con él es sagrado.