Cien alumnos de la UVa unen a su formación el voluntariado

Óscar Fraile
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Cien alumnos de la UVa unen a su formación el voluntariado

La asociación Voluntariado de la Universidad de Valladolid (UVaVOL) recibe cada año más solicitudes de estudiantes interesados en participar en algunos de sus programas

En un mundo enfermo de individualismo, de vez en cuando surgen personas capaces de reconciliar a los demás con el ser humano. Pequeños héroes, generalmente desconocidos, humildes y silenciosos que dedican parte de su tiempo a ayudar a los demás. Sin recibir nada más a cambio que la satisfacción de sentirse más humano, que no es poco. Los voluntarios siempre dicen que reciben más de lo que dan, aunque esta afirmación no tenga nada que ver con lo material.
Y debe ser así, porque la asociación Voluntariado de la Universidad de Valladolid (UVaVOL) recibe cada año más solicitudes de estudiantes interesados en participar en algunos de sus programas. Este curso han sido 125, «algunas más que el año pasado», reconoce la presidenta de este colectivo, Rosalba Fonteriz. El objetivo es que los alumnos «se impliquen con la comunidad y realicen alguna acción social».
Para ello tienen que pasar un curso denominado Comfo (Complementa tu Formación) que consta de 25 horas teóricas distribuidas en doce días en el que distintos colectivos sociales trasladan a los alumnos cómo es este trabajo de acción social. Posteriormente tienen que pasar por una fase práctica de 50 horas de voluntariado en una de las asociaciones con las que UVaVOL tiene convenio. Es la propia asociación de voluntarios la que orienta a los estudiantes en función de sus inquietudes. Esta formación tiene un reconocimiento académico de tres créditos.
Y el abanico para elegir es muy amplio. Desde el Banco de Alimentos, hasta Cruz Roja, pasando por Fundación Triángulo, Movimiento contra la Intolerancia, Cáritas y Asprona, además de otros colectivos que defienden, por ejemplo, a las mujeres que sufren maltrato y ayudan a personas con discapacidad.
Básicamente, su ámbito de actuación es local, aunque también ofrecen sus servicios en los campus de Soria, Segovia y Palencia, y para otros proyectos en Europa, aunque estos últimos suponen una parte muy pequeña.
Fonteriz, que sabe lo que es ser voluntaria en Cruz Roja, asegura que esta experiencia es una buena oportunidad para abrir los ojos. «Mucha gente no conoce más que la realidad que le rodea, la de su familia y amigos, y ser voluntario les permite ver otras situaciones... es una experiencia tremendamente enriquecedora», asegura.
en otros países. Pero el voluntariado de los alumnos de la UVa no se ciñe exclusivamente a esta asociación. Hay otros estudiantes que se implican en proyecto internacionales, muchas veces en colaboración con compañeros de otras universidades de España. Un reciente estudio de la Fundación Mutua Madrileña revela que hay 205 jóvenes que participan en 21 proyectos en la UVa. Algunos de ellos optan cada año a los premios al voluntariado universitario que ha impulsado esta entidad, y que ya han alcanzado su séptima edición.
Uno de ellos es Né a Nikki, cuyo objetivo es mejorar la salud materno-infantil de esta comunidad de Benín. Para ellos los voluntarios hacen un seguimiento de las embarazadas, de los niños recién nacidos y menores de cinco años, del mismo modo que fomentan la educación en temas relacionados con la salud materno-infantil y reproductiva. Gonzalo Olmedo, Itziar Diego y Celia Valderrama son los tres voluntarios de la UVa que participan en un proyecto que «incide en la sensibilización comunitaria de acudir a la consulta prenatal», según explica el propio Olmedo.
También en la Universidad Europea Miguel de Cervantes hay alumnos que se implican en el voluntariado. Es el caso de Alicia Presencio, quien desarrolló un proyecto basado en exposiciones de fotografía y microcuentos para recaudar fondos para una ONG de Zanzíbar (Tanzania). El dinero se destinó al mantenimiento de orfanatos, abastecimiento de un hospital público, enseñanza y empoderamiento de las mujeres. «Hicimos varias exposiciones por bares de Valladolid con fotografías de Edoardo Premoli, otro estudiante italiano. «Las fotografías eran suyas y yo aportaba el microcuento que me sugería la imagen», señala. Con su venta recaudaron unos 2.000 euros en Valladolid, aunque la exposición también pasó por Palencia y Milán.
Otro de los proyectos en los que han participado estudiantes de la UVa, además de alumnos de otras universidades, es Adopta un abuelo. Esta iniciativa, ganadora de la Y edición de los premios de Mutua Madrileña, pone en contacto a estudiantes con mayores que están en residencias de la tercera edad para que se hagan compañía mutuamente. «La idea surgió cuando el fundador, Alberto Cabanes, empezó a visitar a su abuelo Clemente en la residencia e hizo amistad con Bernardo, otro de los residentes», explica Alfonso Mata, el coordinador del proyecto. El abuelo de Alberto murió, pero él siguió yendo a la residencia a ver a Bernardo, viudo y sin hijos, quien le confesó que le hubiera gustado ser abuelo. «Un día Alberto se presentó allí con unas papeles y le dijo a Bernardo que le adoptaba como abuelo», explica Alfonso. Y a partir de ahí surgió la idea de un voluntariado en el que el 87 por ciento de los participantes son mujeres. En Valladolid se hizo en colaboración con la residencia Orpea.
Son solo algunos ejemplos de una amplia lista de proyectos que buscan, por ejemplo, construir escuelas piloto en aldeas rurales de Guatemala, crear un censo en áreas rurales de ese mismo país o llevar material escolar para los niños en el Sáhara.

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