Un pedazo de la historia de Valladolid

Jesús Anta
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Jesús Anta nos habla de la calle Arca Real en la sección Callejeando

Un pedazo de la historia de Valladolid - Foto: Jonathan Tajes

El nombre de esta calle del barrio de Las Delicias lleva a equívoco, pues da a entender que por ella pasaba la conducción que desde el Arca Real, situado a las afueras de la ciudad, viniera la conducción que traía al interior de Valladolid aquel agua tan buena que abasteció fuentes durante 450 años: un auténtico prodigio de la ingeniería que aún se conserva en parte. Pero no, la conducción venía por la actual calle Embajadores hasta llegar a la embocadura de la actual calle Panaderos, al otro lado de los talleres de Renfe. 
No obstante, siguiendo el recorrido de la calle Arca Real, que comienza en el paseo de Farnesio, llegaremos hasta las arcas que se construyeron en los manaderos de los Argales a finales del siglo XVI.
A la altura del número 21 se erige la pequeña fachada de la capilla del Convento de las Hermanas de la Cruz, construido en 1951. Fue parroquia durante algunos años. Es una congregación que se dedica a la enseñanza en un centro inmediato a la capilla. 
Y a mano derecha está el colegio público Miguel de Cervantes, que abrió sus puertas en 1931. Se trata de uno de los grupos escolares más antiguos de Valladolid, y cabe añadir que las paredes de su biblioteca están bellamente decoradas por el pintor Manuel Sierra, uno de los grandes muralistas españoles contemporáneos.
En febrero de 2007, la ciudad tributó homenaje a la actriz vallisoletana Lola Herrera, cuya infancia y primera juventud transcurrió en el barrio de Las Delicias. Para ello le dedicó una plaza que se abre a la calle Arca Real, y se puso una placa. Pero el paso el tiempo ha borrado por completo el rostro de la actriz y el texto que en ella se grabaron.
Sin duda, uno de los enclaves que más calidad urbana confiere a Las Delicias es el parque de la Paz, que acompaña un largo trecho de la calle. Es un parque que solo pudo hacerse cuando se rescataron espacios periféricos del barrio, pues la avaricia inmobiliaria fue colmatando todo el suelo interior de Las Delicias sin dejar resquicio alguno para plazas y dotaciones públicas. Su realización satisfizo una vieja reivindicación del vecindario que por un lado ganaba un espacio público y por otro se hacía a costa de unos terrenos militares que carecían de toda utilidad pero que ocupaban un gran espacio que el barrio necesitaba. 
El parque, profusamente arbolado y urbanizado con diversos espacios para la infancia y las personas mayores, amén de un templete, tiene dos esculturas: una representando a Gandhi, de Ram Vanji Sutar; y otra, titulada Paloma de la Paz, realizada por José Antonio Sousa. Mas, una gran piedra se supone que tiene que sustentar una placa que se instaló en la inauguración del parque, pero ha desaparecido. Rezaba así: ‘Parque de la Paz, donde se apoya el recuerdo, el corazón y el esfuerzo de unos vecinos y un Ayuntamiento, 1988’.
Continúa la calle una vez que cruza el paseo del Arco de Ladrillo y atraviesa sobre las vías de la línea de Ariza que ya solo está en servicio para utilidad de Renault. Deja atrás restos de un territorio cuartelario y bordea el polígono industrial Argales, el primero de la ciudad, que se hizo en 1962. 
El tramo que vamos a recorrer, hasta hace unos años era una carretera que conduce al pinar de Antequera y pasa junto al arca principal de la conducción de Argales, que es donde ahora termina la calle y comienza realmente la carretera. 
Los primeros metros de esta carretera reconvertida en calle conserva las viejas y modestas casas molineras características del Valladolid antiguo, la mayoría de las cuales se han arreglado.
Pronto vislumbramos el nuevo barrio de Arcas Reales cuyos bloques van siguiendo el itinerario de las arcas que aún son perfectamente reconocibles a lo largo de un agradable paseo.
Continúa la calle entre tierras yermas y el polígono de Argales, y nada más pasar por delante de la finca de verano del colegio de La Salle, se llega hasta un impresionante arca, que es una seña de identidad de Valladolid… y para las viejas familias de Valladolid, fue lugar de meriendas en las tardes domingueras del verano.