La leyenda que ayudó a recuperar una joya del patrimonio

M.Rodríguez
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Las excavaciones para encontrar los restos del noble irlandés Hugh O'Donnell sirven para localizar los restos del desaparecido convento de San Francisco

La leyenda que ayudó a recuperar una joya del patrimonio - Foto: Jonathan Tajes

La excavación que ha localizado parte de los restos del convento de San Francisco, en la calle Constitución, ha abierto una puerta a un patrimonio histórico que se daba por perdido. Pero también abre una ventana a profundizar en la leyenda de los restos humanos localizados, y poder saber si entre ellos están los de un príncipe irlandés, que los investigadores apuntan se enterró en 1602 en la capilla Maravillas, la misma que un siglo antes acogió los retos de Cristóbal Colón.


La pasión de otro irlandés, Brendan Rohan, que sueña con encontrar una parte de sus raíces culturales, sembró la semilla de la curiosidad en los investigadores Óscar Burón y Juan Carlos Urueña, que consiguieron ubicar una de las 33 capillas del convento, y motivar las excavaciones que han sacado a la luz una parte importante de la historia local. 


Ambos representan a la perfección esa mezcla de historia y leyenda. Por un lado, Urueña es autor de la trilogía Rincones con Fantasma, de la que el Ayuntamiento ha publicado los dos primeros libros. «Curiosamente, el último de la serie, que aún no ha salido a la luz, iba a ser el primero. Se titula Questio, otra Pasión de Valladolid, y trata de las antiguas cofradías penitenciales, las de Semana Santa. Las primeras eran cinco, de las que dos estaban muy relacionadas con el convento de San Francisco. Incluso la más antigua, la de la Vera Cruz, nació en él. La otra, la de la Pasión tuvo en el convento una conocida capilla, en la que enterraban a los ajusticiados cuyos restos descuartizados recogían de los caminos, y en una tétrica procesión los traían a ella», explica. Esta ambientación le obligó a buscar información para ubicar las dependencias desaparecidas por la Guerra de la Independencia y la desamortización de 1836. «El trabajo de recreación a partir de testimonios y descripciones superpuestas al único plano que se conserva de su planta en bruto llevó años, dada la ambigüedad de las crónicas y del descomunal tamaño del convento». 


Y aquí entra en escena Óscar Burón, arquitecto municipal, que contactó con Brendan Rohan, y gracias a su conocimiento sobre los estudios y planos de Urueña, afinó la localización de las capillas y organizó la excavación. «Comparto con él la esperanza de algún hallazgo en torno al irlandés, pero eso depende de las pruebas que se puedan hacer de los restos humanos aparecidos. Pero, lo más importante, son los restos del convento de San Francisco y su puesta en valor», detalla.
Burón explica que antes de iniciar las excavaciones tenían dudas porque recuerda que «las calles de antes eran mucho más estrechas que las de ahora». Así, detalla que la calle Constitución no existía en 1602, cuando se enterró a Hugh O’Donnel en la capilla Maravillas, según las referencias que encontraron en un manuscrito gaélico. 


Con el plano y la localización de la capilla capitular se propuso al Ayuntamiento abordar esta excavación. «Cuando las excavaciones dejaron al descubierto dos de los muros laterales de la capilla de las Maravillas, del desaparecido convento de San Francisco, comprobamos que nuestra localización era casi exacta», celebra. Aunque es cauto porque todavía hay que dar lectura a los hallazgos y certificarlos. Y lo mismo sucede con los restos de los 12 cuerpos localizados, que ahora serán analizados minuciosamente por los científicos para confirmar si entre ellos están los del revolucionario del siglo XVII, que viajó a Valladolid para pedir ayuda a Felipe III para liberar a su pueblo de la invasión inglesa. Su lucha y su muerte en la capital, por una fiebres, crearon una leyenda en torno a Red Huhg que ha provocado que estas excavaciones tengan una amplia repercusión en todos los medios anglosajones.


Uno de esos expertos es la arqueóloga Olatz Villanueva, que ha participado en esta excavación, y que ahora está en la fase de análisis de toda la información recuperada. Villanueva destaca el gran valor de los hallazgos arquitectónicos. «No había ningún resto conservado de uno de los mayores conventos de España, que tuvo su importancia y participó activamente de la vida urbana de la capital en varios siglos, detalla. Y resalta la importancia de la intervención para recuperar la «huella» del convento. Unos hallazgos que ahora se estudian para realizar un informe preliminar para que el Ayuntamiento decida la conveniencia o no de realizar una segunda fase de las excavaciones.


De momento, esta primera fase ha servido para recuperar una parte muy importante de la historia de Valladolid, pero colateralmente ha tenido un impacto mediático internacional inédito en este tipo de excavaciones por la leyenda que rodea a Hugh O’Donell. «No estamos acostumbrados a este interés. Hay que ser prudentes y esperar a los resultados del análisis de la información que hemos encontrado», concluye».

 

La historia y la leyenda del convento de San Francisco

 «Fue complejo pasar un plano de 1810 a uno actual»

Óscar Burón, arquitecto municipal, conoció la búsqueda de los restos del príncipe irlandés y decidió intentar localizar la ubicación de la capilla donde había estado enterrado también Cristóbal Colón. Sumó sus conocimientos a los de Juan Carlos Urueña y localizaron en el plano la posible ubicación. Ahora, satisfecho por los buenos resultados de su trabajo de investigación, se muestra prudente sobre los resultados de los análisis tanto de los restos arquitectónicos como de los huesos que han aparecido. Y está inmerso ya en un nuevo proyecto, una publicación, con varios investigadores, sobre estos hallazgos. Además, espera que se pueda acompañar de una expmosición e, incluso, un ciclo de conferencias.

     

«La gente no ha tenido interés en localizar el convento»

El escritor Juan Carlos Urueña lleva años documentándose sobre el desaparecido convento de San Francisco para ambientar parte de su trilogía en él. Detalla que en el largo proceso llegó a conocer «interesantes secretos», que en realidad reconoce que no lo son, porque existen «fantásticos» trabajos como el de la profesora Mª Antonia Fernández del Hoyo que profundizan sobre San Francisco. Para el escritor el problema es que la gente «no ha tenido ningún interés, y ha tenido que gritar desde ultratumba un irlandés pelirrojo para desatar pasiones». Y ahora le encantaría ver una placa que pusiera ‘acera de San Francisco’ en la del Café del Norte. «Así la llamaban nuestros abuelos, y en dos generaciones ya me han preguntado... ¿acera de qué?».

«Probablemente será de lo poco que se podrá recuperar del convento»

El convento de San Francisco, demolido en 1837, es uno de los grandes tesoros patrimoniales de la ciudad, pero también de los más desconocidos. En su época fue uno de los más grandes de España, ya que las referencias detallan que se extendían desde la Plaza Mayor hasta la actual Montero Calvo, ocupando toda la manzana. «No había ningún resto del caserío. Las urbanizaciones y los nuevos viarios (calle Constitución y Menéndez Pelayo) hacen que se pierdan sus huellas», explica la arqueóloga Olatz Villanueva, que ha participado en los trabajos para la localización de la sala capitular. «Probablemente sean de lo poco que se pueda recuperar porque gran parte del subsuelo está subsanado y se han perdido las estratigrafías arqueológicas», lamenta. Aunque resalta la importancia de haber podido acceder a los restos de esta capilla, que estaba muy cerca de la cabecera de la iglesia. «Este punto tiene un especial significado porque tuvo un uso relativamente ilustre. Inicialmente fue la sala capitular y luego se destinó para el enterramiento de gente ilustre».

Las joyas de San Francisco siguen en Valladolid

El Museo Nacional de Escultura alberga muchas de las joyas artísticas que decoraban el convento de San Francisco y la capilla Maravillas, que ha quedado al descubierto en estas excavaciones. El museo, que reabrirá sus puertas la próxima semana, permite descubrir una parte de las obras que decoraban la sala capitular, una de las tantas con las que contaba el desaparecido convento franciscano. Así, en sus salas se muestra una «curiosa caja» de madera de nogal procedente posiblemente de Amberes, muestra de la alta valoración que las obras de importación flamenca alcanzó en Castilla. En el recorrido artístico de Flandes a Castilla, que se puede realizar gracias al catálogo de obras procedentes del convento que se conservan, destacan un san Antonio de Padua con el niño y el Santo Entierro, que resumen la fuerza, el movimiento y la torsión tan propias del escultor Juan de Juni. En el centro también se puede conocer un curioso relieve del retablo dispuesto en la capilla de enterramiento del doctor Fernando Arias, que narra el más popular milagro de los santos Cosme y Damián, patronos de la Medicina. En la lista también figuran obras del coro, ambas del escultor Pedro de Sierra. Una de ellas estaba ubicada en su frontispicio y representa una delicada Inmaculada Concepción, misterio en cuya defensa se significaron los franciscanos. Y, por último, destaca la sillería del convento, que en 1842 llegó al centro y en 1933 se trasladó al coro alto de la capilla del Colegio de San Gregorio.

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