Dueñas se vuelca con las mascaradas de Zamora y Portugal

C. Combarros (Ical)
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Dueñas se vuelca con las mascaradas de Zamora y Portugal

El cineasta vallisoletano ha grabado las tres últimas Navidades celebraciones tradicionales de La Raya como el Tafarrón, los Carochos, los Diablos y los Cencerrones

Pleno de proyectos ha arrancado el año para el director vallisoletano Arturo Dueñas (Esguevillas de Esgueva, 1962), que a lo largo de 2019 prevé el estreno comercial de ‘Tierras construidas’, su documental sobre Félix Cuadrado Lomas, con una nueva mezcla de sonido; la presentación del cortometraje documental ‘Dajla’, sobre el impacto que el festival Fisahara tiene en aquel campamento de refugiados; y el estreno en festivales de ‘El camino más corto’, título definitivo del que será su próximo largometraje, conocido durante la producción con el título provisional de ‘Pessoas’.

Además, a lo largo del año previsiblemente verán la luz otros dos proyectos estrechamente relacionados, en los que ha estado volcado durante las últimas tres Navidades, grabando durante las fiestas estivales la celebración de festejos populares relacionados con las mascaradas a ambos lados de La Raya, con especial hincapié en celebraciones zamoranas como el Tafarrón (en Pozuelo de Tábara), los Carochos (Riofrío de Aliste), los Diablos (Sarracín de Aliste) y los Cencerrones (Abejera de Tábara).

Todo comenzó “por casualidad” en 2016, cuando un compañero de trabajo de la biblioteca de la Facultad de Derecho, José Manuel Carretero, natural de Pozuelo de Tábara, le habló del Tafarrón y de cómo el traje del protagonista, elaborado con cañas de los arroyos, tenía que ser confeccionado por sastres portugueses porque nadie ya en Zamora o en Galicia sabía hacerlo.

El interés de Dueñas por esa conexión lusa (él mismo vivió una temporada en Lisboa), por el propio rito en sí del Tafarrón y por cómo esa celebración aglutina el tejido social de pueblos marcados por la emigración y despoblación terminaron de convencer al cineasta de que debía filmar allí, algo que comenzó a hacer aquella misma Navidad de 2016 y que tuvo continuidad un año después.

Además, completó las grabaciones con el registro de entrevistas con personal de Pozuelo de Tábara, jóvenes y mayores que viven allí o que regresan en esas fechas para contemplar el Tafarrón, y ha grabado al otro lado de la frontera, en el entorno de Bemposta, material que también podría acabar dentro del montaje final de lo que pretende convertir en un cortometraje documental.

Raíces ancestrales

“En principio pensaba hacer algo sobre toda la Comunidad, porque casi todas las provincias tienen alguna celebración relacionada con las mascaradas, pero luego empecé a calcular y vi que era un proyecto muy ambicioso, que necesitaría diez o doce años de continuidad porque esas celebraciones se concentran en apenas dos días al año. Decidí centrarlo en el Tafarrón, porque es un símbolo de la emigración y tiene un alcance un poco más universal. Lo que busco es que quien vea la película reflexione sobre todo lo que hay detrás de la celebración”, señala en declaraciones a Ical.

“Como nos dijo una señora mayor, estas tradiciones están ahí desde el origen del mundo. Yo mismo soy de un pueblo y recuerdo que cuando era pequeño teníamos muchos ritos relacionados con la tierra, con los animales o con la agricultura que se han ido perdiendo cuando la gente ha ido emigrando, sobre todo en los años sesenta y setenta, a zonas industrializadas del País Vasco, Barcelona o Madrid. Los pueblos se han quedado sin juventud y al final todos esos ritos han ido desapareciendo, salvo en algunos sitios donde han logrado conservarlos o recuperarlos, y eso me interesaba mucho”, explica.

El material rodado atestigua la gran cantidad de casas vacías que existen en los pueblos castellanos, al recoger cómo los enmascarados no encuentran respuesta al llamar a muchos de los portales, o cómo directamente se saltan alguna calle deshabitada por completo. “En cualquier aspecto que ruedes por Castilla la emigración y al despoblación están presentes”, lamenta el realizador.

A raíz de esas grabaciones, con un tamiz más personal, el Ayuntamiento de Riofrío de Aliste le encargó hace unos meses registrar las mascaradas de los Carochos (Riofrío de Aliste), los Diablos (Sarracín de Aliste) y los Cencerrones (Abejera de Tábara), en tres de los cuatro núcleos de población que configuran el municipio, para nutrir de material la sala de audiovisuales del museo Casa de Los Carochos. Dueñas confía en tener listo ese material entre abril y mayo, y será allí donde las imágenes que ha grabado hace unas semanas vean la luz por primera vez.