Valquiria Dragon Boat, una lucha en común

M.B
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Un grupo de vallisoletanas que han padecido cáncer de mama prepara un proyecto deportivo basado en una modalidad con 2.000 años de historia y que ayuda al drenaje linfático

Las integrantes del Valquiria, junto a su entrenadora, Patricia Coco, en la playa de las Moreras. Foto: Jonathan Tajes

Nachi García es la impulsora. Descubrió este deporte y sus beneficios leyendo el libro 'Cáncer de Mama y Ejercicio Físico', de Cristina Roldán: «Me surgió así la idea y luego vi lo del dragon boat...». A ella siempre le ha gustado hacer deporte y asegura que «cuando te dicen que tienes cáncer, te escondes y no hay que hacerlo». Así que leyó e investigó qué era el Dragon Boat y se lanzó a la búsqueda de acompañantes y compañeras: «Convencí a cuatro amigas y ellas a otras». Y ya son más de una docena. Aunque buscan más. Y ayudas para trasladar el bote (de grandes dimensiones), poder guardarlo y empezar con los entrenamientos en el Pisuerga.
El dragon boat es una modalidad de piragüismo de origen asiático con más de dos mil años de antigüedad y que cuenta con más de 50 millones de palistas en todo el mundo. Se practica con 10 o 20 protagonistas en embarcaciones adornadas con una cabeza de dragón en la proa y una cola del mismo animal en la popa. Lo importantes es el trabajo en equipo, la sincronización y el compañerismo. A ello se une, añade Nachi, un estudio en 1996 de la British Columbia, que demostró la importancia del ejercicio físico en la recuperación del torso superior en mujeres que habían padecido un cáncer de mama: «El movimiento característico de la palada ejercitando el torso y los brazos en este deporte ayuda al drenaje linfático y a la recuperación después del tratamiento».
Nachi superó un cáncer en 2016 y en 2020 le fue diagnosticado otro. Así que se decidió por el deporte y esta modalidad para «crecer juntas en la batalla de superar barreras, apostar por el compañerismo, la autoconfianza y aunar esfuerzos».
Así surge Valquiria, primer equipo de Dragon Boat en Castilla y León. Hoy un embrión que ya va dando pasos para ser algo más que un deporte y una realidad.
Junto a ellas ya están el Cisne y Patricia Coco, como entrenadora, campeona del mundo en C2 200 el pasado 2021 y elegida mejor deportista vallisoletana del último año. 
«Practicar el remo como terapia de recuperación de las secuelas de la enfermedad (cicatrices, mastectomías, reconstrucción con dorsalancho, linfedectomia) en un Barco Dragon. Aunar esfuerzos, remando juntas para superar todos los miedos, inseguridades cada vez que tenemos revisiones...», van relatando como objetivos.
De momento, el primero es aumentar el número de palistas. Son más de una docena, pero quieren ser más. Y en un futuro no descartan crear una escuela de remo «con la finalidad de ayudar a otras personas y motivarlas a seguir adelante».

Jugadoras de balonmano, de pádel, atletas, nadadoras...

Tras Nachi llegaron Henar, Mercedes, Elena, Pilar... Todas supervivientes del cáncer de mama. Todas con el deporte en las venas. Henar Alonso-Pimentel fue campeona de España de natación en infinidad de ocasiones y superó el cáncer en 2011: «Me llamó Nachi. Cuando vi que era un proyecto de equipo ni me lo pensé». Pilar Fernández Valderrama es un icono del atletismo y doblegó la enfermedad hace 17 años: «Es un proyecto que me encanta». Nuria Tascón llegó a la elite del balonmano con el Universitario y sigue entrenando a la base en La Salle tras pasar el cáncer hace cinco años. Mercedes Sánchez lo superó hace seis; ha hecho balonmano y esquí, y ya se había acercado al remo. Pilar Pastor hizo montaña, espeleología, esquí... en 2017 terminó el tratamiento. Elena Mozo era del mundo del basket y ahora hace pádel, yoga... lo superó hace 9 años. Ana Pastor ha hecho atletismo y ahora hace más mantenimiento, pesas... pudieron hace dos años con el cáncer. Paula Domínguez lo hizo en 2018; siempre ha hecho deporte, atletismo, pilates, pesas... «Nachi es compañera y amiga, me comentó el proyecto y me encantó la idea», añade Inmaculada González, que lo pasó en 2009 y asegura que lo suyo es deporte de mantenimiento. Como María Luisa de Frutos, que superó la enfermedad hace quince años. Águeda de la Pisa lo logró también hace 15 y ha hecho piragüismo, esquí. «No es tan fácil encontrar a mujeres que lo hayamos superado y que quieran», opina Montserrat Pérez, que se embarcó por Águeda y que superó hace 12 años la enfermedad. Son 13. Y en breve muchas más.

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