Óscar Gálvez

Periodista. Director editorial Castilla y León Promecal


Mucho miedo, demasiado ruido

Siete días después de entrar en vigor el estado de alarma en España, el mejor consejo que puede trasladarse a la ciudadanía es el de que evite el estado de pánico. Y aunque no es una tarea fácil porque el miedo es libre, tan conveniente resulta no cerrar los ojos ante la realidad como mantener abierta la esperanza de que cuando todo haya pasado podremos recuperarnos con menos dificultad de la que ahora buena parte de la sociedad teme. Recuperación en todos los sentidos, tanto emocional como económica. He asistido esta semana a relatos verdaderamente apocalípticos en distinto grado capaces de arrastrar al derrotismo al ser más optimista del planeta. Para nada hay que obviar que ya hay cientos de fallecidos y que habrá miles, siendo sin duda la peor y única pérdida irreparable de esta crisis, pero el llanto no puede terminar dominando las emociones en este tránsito hacia el final de la crisis. Tampoco la alegría, pero sí la esperanza.
La gran pregunta de la semana ha sido cuánto durará la prohibición de circular libremente por nuestras calles, si será un mes o estará más cerca de los 45 o 50 días; la gran incógnita, si las medidas aprobadas por los gobiernos serán suficientes para contener el avance del virus y poner freno al incremento de víctimas en estado grave; el gran deseo, que las familias a las que deje marcada estar tragedia sean las menos posibles; la gran certeza, que el sistema sanitario las está pasando canutas. La idea generalizada de que la sanidad hace aguas está ahí, pero hay que tener en cuenta que ningún país, ninguna región, trabaja con un sistema capaz de hacer frente a contingencias tan extraordinarias. Sí cabría estar mejor, como antes de la crisis de 2008, pero tampoco sería suficiente y por tanto se hablaría igualmente de manera negativa. En momentos convulsos como el actual resulta difícil ver las cosas con la calma que requieren los análisis certeros. Hay demasiado ruido.
Todos los gobiernos han arbitrado medidas para paliar, dentro de sus posibilidades, los daños empresariales y sociales que cause la pandemia. Insuficientes, claro. Pero tampoco hay fondo para más. La gran esperanza: que los otros expertos, los de la economía, tengan razón y que con la misma facilidad con la que la economía se va a desinflar este año se recuperará en 2020.