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Jesús Quijano

UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


La mesa

20/09/2021

Pocas dudas habrá de que mencionar estos días «la mesa» constituye una referencia inequívoca a la puesta en marcha de esa iniciativa de encuentro entre el Gobierno de España y la Generalitat de Cataluña. Y más allá de las circunstancias que hayan podido llamar la atención en este primer encuentro, es previsible que la referencia se convertirá en prolongado motivo de atención política en los próximos tiempos.
Las circunstancias, en efecto, son llamativas: que el lugar de celebración haya sido Barcelona, que la presencia de banderas haya sido asimétrica, que la composición haya generado polémica, que el temario esté poco clarificado, todo ello tiene su aquél, aunque no debiera eliminar sin más el relativo margen de confianza que un proceso complejo de diálogo necesita de antemano. Ya se sabe que cualquier iniciativa de calado requiere de escenografía y ésta no es una excepción, sino todo lo contrario.
El problema creo que está más en los evidentes riesgos añadidos que tiene la operación. Porque si una de las partes insiste reiteradamente que su objetivo en la mesa es plantear y alcanzar una decisión que es exactamente la que la otra parte excluye como factible, el recorrido no puede ser demasiado. Me refiero obviamente al referéndum de autodeterminación. Y, si es así, los efectos colaterales de esa situación pueden ser verdaderamente complicados, porque cabe que la mesa, en vez de constatar el previsible bloqueo por la razón indicada, entre en una fase de prolongación artificial, y que se note que lo es, teniendo en cuenta los inconvenientes de administrar un fracaso en una época cada vez más cercana a las próximas elecciones generales. No se olvide, además, que los dos Gobiernos allí sentados tienen, a estos efectos una trastienda tan delicada como lo es la propia negociación emprendida, porque ambos dependen de apoyos o abstenciones muy condicionantes de su recíproca estabilidad.
Por todo ello sería muy saludable que el nivel de transparencia, compatible con la razonable discreción, se impusiese cuanto antes. Se trata de evitar la sospecha de la ficción interesada, del simple ganar tiempo para mantener una expectativa incierta, porque ese sería el peor escenario para un asunto de estas características.