RUMBOS EN LA CARTA

Juan José Laborda

Historiador y periodista. Expresidente del Senado


Conspiranoicos y la autarquía demencial

15/11/2020

Marjorie Taylor Green (Georgia, 1974) ha sido elegida para la Cámara de Representantes por el Estado de Georgia, y su elección ha tenido repercusión mundial porque ella se ha manifestado identificada por las teorías políticas de QAnon, una secta que se sirve de la red para difundir bulos infames y amenazadores contra cualquiera que se oponga al presidente Trump y sus políticas. 
Aunque el FBI considera a QAnon una organización peligrosa, la elección de Marjorie ha sido celebrada por Trump, en su cuenta de Twitter, con estas palabras, que recuerdan el concurso de televisión cuando él era su presentador: «una futura estrella republicana…una estrella fuerte en todo y que nunca se rinde, ¡una verdadera ganadora!». En su versión original, Trump, con su estilo habitual, escribió exactamente: ¡a real WINNER!
Efectivamente, Marjorie es, sin duda, un modelo para Trump. Marjorie es una empresaria de la construcción, y más que miembro del partido republicano de Abraham Lincoln, Eisenhower, Reagan, o los dos Bush, la nueva congresista comulga, como Trump, con las ideas extravagantes de sectas como QAnon, extravagantes pero no por eso menos abrasivas para la democracia liberal de los Estados Unidos. 
Pero no se queda sólo en extravagancias. Marjorie Taylor está disciplinada defendiendo que Trump ha ganado las elecciones, y que fuerzas ocultas le están robando la victoria. Ese mensaje se expresa en los eslóganes que ella sigue propalando después de las elecciones: salvad América, parar el socialismo y parar el robo, y lo hace en un vídeo en el que aparece disparando con un fusil de asalto AR-15 contra dianas, con esos mensajes escritos en ellas. 
Ante la evidencia de que no ha habido ningún fraude electoral, Marjorie argumenta con algo que es veneno para la democracia: existe un ‘Estado profundo’ (Deep state), formado por líderes del partido rival, Obama, Clinton, Biden, Kamala Harris, etc, y por personalidades mundiales, como George Soros, Rothschild, Ángela Merkel (de la que dicen es hija de Hitler), y el mismo Papa Francisco, que están controlando oscuros resortes para hundir a Trump. 
Ese ‘Estado profundo’, además de inocular socialismo en América, de ‘esclavizar a los negros’ con el programa del Partido Demócrata, está encubriendo una invasión islámica (que empezó con Obama y con su vicepresidente Biden), y además, está protegiendo a un grupo secreto y poderoso de pedófilos, caníbales y devotos de un culto satánico. 
Detrás de esa consigna deportiva -¡a real winner!- se está construyendo un argumentario’ que se basa en datos imposibles de demostrar, inverosímiles, pero que creen en ellos un porcentaje importante de los electores del partido republicano, una cuarta parte de los mismos, según algunas encuestas. 
Al jalear los bulos de QAnon, Trump, Marjorie Taylor, y otros muchos dirigentes de su partido, están incitando una violencia irracional, algo que no es una fantasía exagerada, pues basta recordar las matanzas en Waco (Texas, 1993) y las producidas por Timothy McVeigh (Oklahoma, 1995), para saber que ambas se justificaron en que el gobierno norteamericano -entonces del demócrata Bill Clinton- era un gobierno dictatorial y totalitario. Hubo entonces lamentos por las armas de guerra que disponían los sectarios, pero nada se cambió en los estados con mayoría republicana. 
El hecho de que esos dañinos bulos, cuya difusión produce un incremento constante de la masa de conspiranoicos, se haga por Facebook y Twitter (la vía de comunicación de Trump) y otras plataformas de la red, aunque parezca revestirse por eso de modernidad, lo cierto es que utiliza los mismos procedimientos de otros bulos igualmente perniciosos, como fueron los Protocolos de los sabios de Sión, un panfleto antisemítico que fue redactado por la policía secreta zarista, justificando un pogromo de fines del siglo XIX, que tuvo una gran difusión, traducido a todos los idiomas, desde el alemán al árabe, y que fue el material de Mi lucha (1925) de Adolf Hitler, y donde se anuncia su intención de erradicar del mundo el judaísmo, que casi lo consiguió después con el holocausto.     
Si ese panfleto y el libro de Hitler se refieren al judío internacional, los bulos de QAnon, Trump y Marjorie Taylor atacan igualmente al multilateralismo, el internacionalismo y cualquier política que se base en el cosmopolitismo. Esa vuelta a la autarquía (en comercio y en pensamiento), su apuesta por un nuevo mercantilismo, se descubren en eslóganes como Haz a América grande otra vez, Contra las fronteras abiertas, Contra el gran compromiso mundial verde, Contra los emigrantes…
La autarquía se justifica en el hecho de que Trump es un presidente que no ha lanzado ninguna acción militar. Ese supuesto pacifismo oculta su intención de liquidar las organizaciones multilaterales, Naciones Unidas, OTAN, Unión Europea, etcétera. Cuando en las elecciones norteamericanas se discutía de problemas internacionales, cuando se temía a la Unión Soviética, el discurso autárquico y demencial de Trump no tenía recorrido. El populismo sólo se puede superar restaurando el cosmopolitismo en las relaciones internacionales.



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