LA OTRA MIRADA

Ilia Galán

Poeta y filósofo


Caos del orden en tren

Ingenuo, escudriñó con su ordenador por una red caótica a fin de lograr una plaza en aquel tren que desde la Corte debía llevarle a Barcelona para presentar un libro. Aunque se trataba de la compañía nacional de ferrocarriles, no fue fácil hallarla, ya que en los buscadores las primeras páginas que aparecían eran las de agencias privadas. Halló unas plazas de alta velocidad, pero el sistema se colapsaba. 
Una y otra vez, en vano, lo intentó. Pero como vivía cerca de la estación de Atocha, la central del sistema ferroviario, acudió personalmente, paso a paso, de un modo más rudimentario y seguro que del modo virtual. 
Se equivocó. Cuando estaba sacando el pasaje, el sistema se bloqueó y el empleado arguyó, estoico, que esto ocurría habitualmente cuando había pocas plazas disponibles. 
«El sistema entonces no funciona bien». Respondió admirado el cliente, o, mejor, el ciudadano que quería usar de un servicio que pagaba con sus impuestos. «Han hecho varias actualizaciones y parches pero no funciona y muchas veces se bloquea». Lo intentó de otra manera pero no se podía pagar con tarjeta de crédito y hubo de ir el usuario a extraer de las tripas de un banco mecánico los billetes para satisfacer no ya el viaje elegido -ese se había bloqueado- sino otro distinto que pudo imprimir, por milagro.
«¿Y los jefes nada hacen? Pues así se pierde mucho dinero y además se da mala imagen». «Parece que no les importa. Si usted viene aquí en otros momentos podría pasar tres horas esperando a que le atiendan: les da igual, pues lo saben, y no ponen más empleados. Hay un libro de reclamaciones, si lo desea». «Gracias, eso no lo miran apenas; lo único que les molesta a veces es cuando sale la noticia en la prensa pues temen por sus cabezas si lo leen quienes les gobiernan». Salió enojado, dispuesto a escribir las líneas someras que tal vez el lector ahora recorre en estas páginas. 
Pero no era solo ese tren, esa red, un sistema nacional que debía funcionar y se deja colapsar, era el ave que vuela a Barcelona a estrellarse en un caos de enredos políticos donde pocos quieren entenderse y muchos pelear por sus particulares intereses. No era solo un caos habitando dentro del sistema en la Ciudad Condal, también en la Corte vive, basta ver a los parlamentarios hablando tanto y desdiciéndose. El resto vivimos este sueño esperando no se transforme en pesadilla, aguardando el prodigio que nos despierte a un mundo más sensato. 
Goethe decía que era mejor el orden malo que el desorden. No lo tengo tan claro; es oscuro el destino de nuestros sistemas enfrentados, mientras el tren arroja al enojado ciudadano hacia un destino temible e ignoto.