LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Agujero negro

Se veía venir la catástrofe que ha hundido a Ciudadanos y le ha llevado al agujero negro, si contamos con que algunas de las personas que se mantienen gobernando con pactos en las instituciones, con sueldo, lanzan mensajes sin sentido y no se les ha pasado el efecto veleta, por lo que ahora podrán dar un giro y saltar de gobiernos, pero ya es tarde y les terminará pasando lo que queda de la factura. Poco futuro para este partido que levantó ilusiones por su idea de regeneración desde el centro pero que, con inmediatez, tomó un destino extraño convirtiéndose en aliado de las derechas, la extrema incluida, incumpliendo sus principios, con un líder que vetó cualquier encuentro y pacto con el centro-izquierda y que condujo la formación con mano de hierro, para que no se moviera nadie. No obstante, a Albert Rivera le honra haber reconocido sus errores y pagarlo con la dimisión.
Si, en su momento, hubiera formado Ejecutivo con Sánchez habría contribuido a la estabilidad de este país, no dando paso a unas segundas elecciones y evitando el crecimiento tan exagerado de fuerzas políticas que convierten la actual Constitución en papel mojado. Reconociendo que un bloque bisagra siempre está pendiente de un hilo, su equilibrio es complicado, pero el error se ha cometido. 
La situación después del 10-N es difícil, para qué negarlo, el presidente Pedro Sánchez no iba a dormir tranquilo si alcanzaba un pacto con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, porque solo buscaba cargos, pensando posiblemente en que una nueva convocatoria electoral le iba a hacer aumentar el número de escaños, y le ha salido mal la operación, conformándonos un mapa político muy poco alentador. No sería deseable que todo acabara con otra nueva llamada a las urnas en abril porque no es difícil imaginar hasta dónde llegaría el ascenso de los más radicales.
Tampoco hay que rasgarse las vestiduras con que el socialista haya alcanzado un acuerdo con los morados para gobernar. Su obligación es conseguir el desbloqueo y, por mucho que se empeñen en tratar de dinamitarlo, es la solución y, si se equivocan, ahí están los ciudadanos para calificarlo cuando llegue su momento, pero se hace imprescindible contar con unos presupuestos y un Gobierno estable. El problema es que no salgan los números. 
No se entiende cómo el PP, después de insistir en que no pueden hacer presidente a Sánchez y de que el jefe de los populares, Pablo Casado, desechara un pacto por el coste que le supondría para su electorado, recurran a la política del miedo. Ahora, cuando ven que hay un intento, con un acuerdo quizá precipitado, a las pocas horas de haberse conocido los resultados, dan a entender que están dispuestos a mantener conversaciones. Todo muy complejo, pero es preciso que se rebaje la tensión, los bomberos no deben ser quienes echan gasolina al fuego, que para eso ya están quien realmente nos han conducido hasta esta situación. ¡Gracias chiquets