A QUEMARROPA

Julio Valdeón

Periodista


Marihuana

24/07/2020

No soy partidario de las noticias cachondas. Leí y celebré al gran Luis Carandell y su inolvidable Celtiberia show. Pero mi escuela es otra. Más del tequila lírico y el hachazo dialéctico. Aunque cómo no amar la noticia de que la búsqueda del cocodrilo, legendario saurio del Pisuerga, brindó el descubrimiento de una plantación de marihuana. A falta de reptil carnívoro, viva la hierba de la risa, el reggae y los dulces veranos bajo la lluvia de cometas. Hasta 33 plantas descubrieron los agentes de narcóticos de la Guardia Civil. Y como en otras ocasiones la noticia simpática abre el compás insospechado del debate. Porque a ver qué demonios hacemos, todavía, persiguiendo las plantaciones cannábicas y fumigando cultivos. Con la ruina que viene, por mucho que Bruselas haya transigido en parte, más nos valdría considerar la solución ya adoptada por varios estados de EE.UU. y anticipada en Holanda: legalizar el costo, meterlo bajo la vereda del ministerio de Sanidad. Poner a tributar ante Hacienda, que somos todos menos los narcotraficantes. Dejar fuera de juego a los mismos mafiosos que fueron bendecidos con las políticas de la santa cruzada contra algunos estupefacientes. Lo digo yo, que no soy nadie, y lo tienen escrito amigos y conocidos bastante más listos: la economía española necesita ponerse las pilas, afrontar las reformas, siempre aplazadas, pendientes como las viejas revoluciones que nunca llegaron o las momias del museo, asqueadas de sonreirle a la nada. Debemos flexibilizar un mercado fosilizado. Potenciar la competitividad sin que tenga porque ser sinónimo de crear un pueblo de esclavos. Y luego ya, como remate, proponer soluciones rompedoras, a la inveterada incapacidad ibérica patria para generar parné en grandes cantidades, cimientos sólidos, fuselaje y alas. La marihuana puede ser un recurso tan bueno como otro cualquiera. Con el añadido de que acabaríamos con una aberración jurídica y ética. Hasta permitiría que este gobierno desastre haga honor a su supuesto tuétano y sea, por una vez, de progreso.