ZARANDAJAS

Pablo Álvarez

Periodista


Caché

Hablar de dinero es de mala educación. Eso nos enseñan desde pequeños y cuando toca sacar el tema del sucio metal las pulsaciones se aceleran, la sangre sube a la cabeza y tartamudeamos. Sobre todo cuando hablamos del propio, aunque para todo hay excepciones. Como mucho, dentro de un ambiente distendido y de confianza puede salir la conversación y puedes decir: «Pues es que mi empresa me paga una mierda» o «bueno, yo tengo un sueldo que no está mal»... pero no escucharás jamás una cifra del estilo: cobro mil, cobro cinco mil, cobro ochocientos. Y si eso nos parece mal, cuánto peor si es otro el que habla de lo que yo gano o dejo de ganar. En este caso es que nos lo comemos.
Esto vale para todo el mundo, en general, menos para David Broncano. Es el único presentador que osa preguntar a sus invitados -a cara de perro como le gusta enfatizar- cuánto dinero tienen. Una cuestión que ya se ha convertido en un clásico en La Resistencia (Movistar+) y que cada cual responde lo que quiere, con la referencia de los doce millones que dice tener Antonio Resines como base sobre el que comparar. Ahora, como alternativa a la incómoda pregunta de la pasta ofrece la opción de cuantificar el sexo practicado en el último mes. Mucho menos embarazosa, dónde va a parar.
Así que cuando el alcalde de nuestra ciudad se le ocurrió abrir la boca para justificar que Rosalía no actuaría este año en Ferias como le pedía una persona a través de Twitter, se armó la marimonena. Bueno, para ser precisos, el lío se formó cuando el community manager de la cantante catalana le dio por responder que esa cifra que había dado, medio millón de euros, no correspondía con la realidad. Fue ahí cuando la polémica alcanzó el nivel de monumental y trascendió el ámbito de la red social para llegar a los medios de comunicación tradicionales y degenerar en programas de cotilleo.
Dentro de todo este rifirrafe tuitero, el único que ha aportado alguna cifra ha sido Óscar Puente: los famosos 500.000 euros. El entorno de Rosalía se limitó a decir que esa cantidad distaba mucho de la realidad pero, hasta el momento cero datos. A lo que apostillaba que «no es un show sencillo (ya me conocéis) y que somos muchas personas trabajando», lo que suena a excusatio non petita (accusatio manifesta). ¡Y lo mejor es que le piden al alcalde de Valladolid que demuestre con documentos que le pidieron eso! ¿No sería más fácil que la estrella musical del momento desvele su caché? Eso es de manual de primero de comunicación, si realmente quieres zanjar el asunto, pero si quiere alimentar la confusión pues continúas con las vaguedades.
Polémicas de este tipo evidencian el doble rasero a la hora de exigir transparencia en la gestión pública. Todos los que ejercen un cargo público tienen la obligación de hacer un striptease patrimonial en toda regla con una declaración de bienes, donde se detalla el dinero que tienen en las cuentas, sus propiedades inmobiliarias, las acciones, los coches, los planes de pensiones, lo que deben y a quién se lo deben... En el caso de los futbolistas, más de lo mismo, aunque con un halo de misterio que rodea a toda la tributación. Pero cuando hablamos de los artistas (saco en el que caben cantantes, actores, toreros...) ¡eso no se puede mentar! Y aparecen las cláusulas de confidencialidad.
Conscientes de que el éxito en el espectáculo muchas veces resulta pasajero, resulta legítimo que cada cual eleve su caché en sus momentos de popularidad para conseguir un colchón que le permita afrontar el futuro con mayor tranquilidad. Conocemos muchos casos de artistas que llegan arruinados a su vejez. Cada uno puede pedir lo que considere que vale. Luego, quien compra también tiene la libertad de pagar lo que le piden o no. En el caso de Valladolid, se ha decidido que el caché se iba de las manos. Otros lo pagarán gustosos e incluso habrá quien pueda decir que por ese precio que le cante el cumpleaños feliz en una fiesta privada.
Por cierto, gracias a esta polémica he escuchado por primera vez a Rosalía (conscientemente). Creerán que soy un marciano, pero desde hace once meses mi repertorio se limita a los Cantajuegos y los ruidos blancos para dormir. Y, sí, es muy buena.