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Martín Fernández Antolín

La voz del portavoz

Martín Fernández Antolín

Portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Valladolid


Noviembre

11/11/2022

Estamos ya a medio camino de cumplir con el mes de noviembre, ése que tradicionalmente llenaba los cementerios de quienes aprovechaban para saludar a sus deudos finados con ocasión de las festividades de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, el que nos devolvía el olor a buñuelos, el que reponía en las tablas de nuestros teatros el Tenorio, el que en otros tiempos llenaba de luto las vestimentas, aquel que en otras latitudes conmemoraba no a los que ya no están, sino el fin de las cosechas y la necesaria preparación, física y anímica, para la parte más oscura del año. Porque, la verdad sea dicha, por más Halloweens o más Black Fridays que queramos usar como brazaletes morados que alivien el luto, esta vez llevaré la contraria al bardo para decir que, ya por el modo en el que se despidió octubre, en Valladolid noviembre ha sido el mes más cruel. 
No quiero con esto, ni mucho menos, restar gravedad a las muertes violentas que se han producido en nuestra ciudad en los meses previos, pero la concurrencia de una serie de circunstancias familiares, laborales e institucionales hicieron del asesinato en Bruselas de nuestra vecina una muestra de lo que es capaz el ser humano cuando se desprende cualquier razón. Cuando una familia se disponía a celebrar el tránsito laboral de uno de sus miembros a la jubilación y poder disponer así de un merecido tiempo para sí y para los demás, todo se truncó y el tiempo, de repente, se convirtió todo en el noviembre del luto, de la oscuridad, del frío; ese noviembre en el que todos los años intentamos honrar a esas mujeres que, como nuestra convecina, son víctimas de la violencia machista.
Todos sabemos que la vida nos puede cambiar en un instante, pero no alcanzamos a entender que nos cambie por causas a las que no podemos encontrar explicación alguna; hemos racionalizado la enfermedad, el paso del tiempo, en algún caso, y por desgracia, hasta los accidentes se han insertado de algún modo en ese cajón de explicaciones que podemos llegar a asumir. Pero que alguien acabe con la vida de otra persona por cualquier razón, menos aún por considerar que la víctima es de su propiedad, sigue estando fuera de los parámetros de cualquier ser que aspire a llamarse a sí mismo humano. 
Habrá todavía quien intente encuadrar estos asesinatos en categorías amplias que oculten que ser mujer, para algunos varones -que no hombres-, es un riesgo de ser víctima. Pues, por Teresa, y por todas las mujeres que han sido, son y serán, por desgracia, víctimas de género, que no cuenten con nosotros.