PLAZA MAYOR

Alfonso González Mozo

Periodista


El calvario de Sara

Dicen que la realidad supera a veces a la ficción. El caso de Sara Feraru es uno de esos que no habrá novela ni película que lo empeore, que le añada más crueldad o en la que se pueda ser más descarnado de lo que lo fue el vil asesino y la cómplice madre. Mucho más si se leen las 39 páginas de una sentencia que alberga unos pasajes que ponen los pelos de punta, que dan cuenta de cómo Davinia se obnubiló por su relación con Roberto hasta no ser capaz de discernir el riesgo que corría su hija. Un relato, real como la vida de Sara, convertida en calvario en los ochenta días que pasó con ella el eventual novio de su madre, autor de un ataque «brutal» y «salvaje» -así lo define la sentencia- que acabó a golpes con la vida de la niña de 4 años.
A primeros de junio, cuando la pareja no llevaba ni un mes de relación, se estuvieron enviando whatsapp en los que él se postulaba para una convivencia diciendo que se iba a «comer a besos» a la niña y en la que Davinia y Roberto llegaban a bromear sobre el hecho de que la menor pudiese sumarse a sus juegos sexuales: (Roberto) «Vaya risas con Sarita, me toca la cola y me dice qué es eso... cómo molan los niños». (Davinia) «Lo bueno es que se quita la ropa también y se apunta, fiesta». (Roberto) «La molan los tríos». Repugnante.
El relato cronológico de la sentencia es lo más parecido a la crónica de una muerte anunciada. Con el asesino (condenado) ya instalado en la vivienda desde el 22 de junio, pronto empezaron a aparecer hematomas. Se los vieron al día siguiente sus tíos y su padre; y, tres semanas después, dos médicos del Hospital Campo Grande. Y fueron yendo a más, a sabiendas de la madre que, según dice el fallo, «aceptó la posibilidad de que Roberto pudiera causar a Sara lesiones de tanta gravedad para que le produjeran la muerte».
Tal es así que la niña llegó a vestirse sola, a las siete de la mañana de aquel 2 de agosto, para irse con su madre a trabajar. «No quería quedarse con Roberto», recuerda la sentencia, que acusa a la madre de dar «prioridad a su convivencia con él, antes de dar protección a su hija». Con cuatro años...
Davinia tendrá ahora casi 28 de cárcel para meditar por todo aquello. Roberto, toda una vida, después de convertirse en el primer reo de Castilla y León en ser condenado a prisión permanente revisable por maltratar durante semanas, violar y matar a golpes a Sara.