Punto cardinal

Imelda Rodríguez

Rectora de la UEMC. Especialista en Comunicación Política


La décima provincia de Castilla y León

Podría ser una buena opción que Castilla y León tuviera un índice de desarrollo basado en el concepto de la felicidad. De hecho, ya existe un país que hace más de cuarenta años decidió cambiar su medida de progreso sustituyendo el cálculo del Producto Nacional Bruto (PIB)por el índice de felicidad nacional bruta. Curioso pero real. Hablo de Bután, una nación que se relaciona con el fenómeno de la globalización solo en la medida en que pueda contribuir al incremento de la felicidad de sus habitantes. Al respecto,  Jeffrey D. Sachs, asesor de distintos gobiernos, aseguraba que este país ha experimentado una estrategia holística para el desarrollo que hace hincapié no sólo en el crecimiento económico, sino también en la cultura, la comunidad y la compasión. 
Entender el progreso en términos de compasión me parece una brújula perfecta para encauzar el desarrollo de políticas globales. No es un mal recordatorio en estos tiempos políticos desordenados. Estas teorías innovadoras forman parte de la llamada ‘Economía de la Felicidad’, una filosofía que siempre me ha inspirado y que considero vital para el desarrollo, entre otras, de las políticas educativas. Es curioso que uno de los países más pequeños del planeta lance un mensaje tan potente sobre el valor de un Gobierno. Y tan necesario. Hace pocos días volví a comprobarlo al conocer que Lotay Tshering, el primer ministro de Bután y uno de los médicos más prestigiosos del país, ejerce como cirujano los fines de semana en el Hospital de Thimphu. Lo hace –dice– por la vocación que siente hacia el cuidado de las personas, la misma vocación que le motivó a entrar en política. 
Fíjense: para poder acceder a esta actividad, tuvo que pagar unos 80.000 euros, una especie de impuesto de alto nivel para los que desean participar en un proceso electoral. Y lo hizo –señala– por  la convicción de que podía mejorar la vida de los habitantes de su país. Convicciones. Esta es la clave del progreso. Necesitamos más políticos con convicciones, no solo con opiniones. Ideales que empujan a Lotay Tshering a transformar el sistema sanitario de Bután, convirtiéndolo en el eje de su acción gubernamental, para luego alcanzar la máxima efectividad de todas las políticas sociales. Y lo hace así porque entiende que la ventura de las personas es el pilar esencial sobre el que construir todos los demás proyectos. El primer ministro, por el momento, los sábados se coloca la bata blanca para tomar contacto con la realidad. Con el sufrimiento. Con las necesidades. Con las soluciones. Es la bata blanca de la compasión, que es para mí, sin dudarlo, la fuerza centrípeta del mundo. 
Me seducen las personas empeñadas en mover esta fuerza. Esta experiencia es una buena reflexión. Por eso propongo (metafóricamente, claro está) convertir a Bután en la décima provincia de Castilla y León. Una provincia imaginada como referente de una política de allí volcada en el bien general, que tendrá entre nuestros gobernantes de aquí un nivel cada vez más intenso, cuando su grado de conocimiento de la realidad, su lucidez para articular políticas útiles y su implicación para desarrollarlas sea proporcional a la potencia que promueve la compasión. La misma que arrastra al primer ministro de Bután a coger cada fin de semana su bisturí. Un político que utiliza su profesión para curar a su gente, consiguiendo algo infinitamente más trascendental: sanar su esperanza. Porque esta esperanza, decía Tales de Mileto, «es el único bien común a todos los hombres. Los que lo han perdido todo, la poseen aún». Merecemos pactar esperanza.