Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Una hemorragia contínua

08/05/2021

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, dimitió la misma noche electoral tras constatar que ya no sumaba para su partido, que era una rémora que generaba más rechazos que adhesiones entre la ciudadanía. En el PSOE tardaron dos días en asumir las responsabilidades de la derrota y de haber sido sobrepasados por Más Madrid. Cayeron el secretario general del PSOE madrileño, José Manuel Franco y su candidato, Ángel Gabilondo, no recogerá el acta después de haber anunciado que sí lo haría, en otra maniobra más que revela hasta qué punto no ha sido el máximo responsable de la debacle sino la víctima de un conjunto de decisiones, sucesivamente erróneas, impuestas desde la Moncloa.    

Sin embargo, en el tercer partido que ha sido víctima de la supremacía de Isabel Díaz Ayuso, Ciudadanos, contra el que decidió anticipar las elecciones en Madrid para sacárselo de encima la asunción de responsabilidades por el fracaso electoral ha brillado por su ausencia. En el partido naranja esgrimen que su candidato, Edmundo Bal, que tiene su escaño asegurado en el Congreso, hizo la campaña correcta, aunque al mostrar sus cartas desde el inicio -apoyo incondicional a Ayuso- limitó su efecto, mientras que la presidenta del partido, Inés Arrimadas, acumula una segunda debacle que la ha de hacer preguntarse, como ha hecho Pablo Iglesias, si ya resta más de lo que suma, y por tanto debe poner en marcha un congreso extraordinario que defina con claridad que quieren ser de mayor, porque hasta ahora solo han sido la muleta del PP  cuando este partido se encontraba en las horas más bajas. Ahora que ha resurgido no necesita de su apoyo, y como ocurrió en Murcia está dispuesto a pagar el precio que sea por mantener el poder en sus feudos territoriales. C’si tan siquiera ha servido de dique de contención de la ultraderecha dado que se ha beneficiado del apoyo externo de los votos del partido de Santiago Abascal.    

El dilema al que se enfrenta Ciudadanos, cuyos errores estratégicos pasaran a los anales de la ciencia política, es el de refundación o desaparición por consunción o absorción. Por lo pronto, los cargos del partido están abandonando el partido, como ha ocurrido con cuatro diputados Cortes valencianas –que se van sin dejar el escaño, otro mal endémico- y con la escritora Marta Rivera de la Cruz, que está destinada a ser de nuevo consejera de Cultura, ahora como independiente, si no se afilia al PP. Y hay a movimientos que ya anticipan nuevas deserciones.    

A Ciudadanos solo le queda presencia relevante en Andalucía, Castilla y León y el Ayuntamiento de Madrid, y si no es capaz de realizar un rearme político es previsible que vaya de derrota en derrota hasta la desaparición final y su integración en la casa grande de la derecha, el PP. Ciudadanos puede intentar acercarse al Gobierno en el Congreso y evitar que Sánchez necesite de ERC y EH Bildu y marcar territorio frente al PP, aunque los votantes del partido naranja que le han quedado en Madrid sabían que sus votos iban a apuntalar el gobierno de Ayuso.  

La hemorragia continua de Ciudadanos lleva al partido a la muerte política. Y no obstante, nunca había sido tan necesario un partido de centro en tiempos de crisis y polarización.,