A QUEMARROPA

Julio Valdeón

Periodista


Del 47 al 50

23/04/2021

La próxima semana vacunan ya a los últimos niños de la posguerra y los negros cuarenta, nacidos entre 1947 y 1950. La generación que vive, de la que ya quedan pocos, da paso a los escolares del pan de salvado, las cartillas, las inclusas, el gasógeno, los sabañones, el Nodo, los discursos intoxicados de un general que se creía César, el aceite de ricino y los zapatos topolino, por la calor… La próxima semana llegan las medicinas para los españoles que nacieron para sufrir y cambiaron este país deslomados, los que tienen diez años cuando Elvis Presley sacude América, quienes arriba la adolescencia durante unos sesenta que a España llegan atenuados. Suceden a los ancianos que según el maestro Raúl del Pozo nacieron bajo las bombas y han muerto como perros, en mitad de una pandemia. A los viejos nuestros políticos los sometieron a la humillación del triaje, mientras las ucis latían asfixiadas y los sanitarios caían enfermos por la peste. No hubo piedad con los infantes de la inmediata posguerra, que sacaron a este país a bailar. Para muchos las vacunas llegaron demasiado tarde, aunque nunca lo suficiente como para que los vivos, los que sobrevivieron, desprecien el prodigio científico del elixir que adiestra el Arn y enseña al cuerpo a fabricar anticuerpos. Los de la quinta de finales de los cuarenta tampoco debieran de rechazar las vacunas más polémicas. Seis trombos entre una decena de millones son cifras que quisieran para sí los prospectos de los anticonceptivos o los opiáceos. Si Prince o Tom Petty, en lugar de estar enganchados a la oxicodona o los somníferos hubieran recibido un chutazo de J&J o AsrtraZeneca casi seguro que hoy los tendríamos todavía entre nosotros. Petty, por cierto, nació en 1950, como los españolitos que podrán subirse al carro de la inmunización. No hagan ni caso a los profetas del miedo, ojerosos de conspiraciones. Las vacunas son nuestra última oportunidad y ante las hogueras del plaga no hay mayor peligro que el de quien prefiere jugársela con las defensas inermes ante la ponzoña. Habrá más vacunados y hay que celebrarlo.