PLAZA MAYOR

Maite Rodríguez Iglesias

Periodista


La erótica del poder

Dos procesos electorales con sus consiguientes campañas; las tensas negociaciones en los ayuntamientos para pactar las alcaldías y las muy mediáticas para decidir el Gobierno regional no han conseguido silenciar o, al menos, amortiguar las crisis internas en el PSOE y el PP  de Valladolid por la elección de los diputados provinciales, que puede acabar con sendos congresos extraordinarios o gestoras en las dos formaciones.
Muchos ciudadanos pensarán que es lo de siempre, políticos negociando a cambio de un sillón o su consiguiente cuota de poder, pero en este folletín por entregas, que aspira a superar el final de Juego de Tronos, hay también mucha carga de traiciones y ajustes de cuentas entre compañeros de filas. Justo los ingredientes que más rechaza la sociedad y que por muchos acuerdos de regeneración y buenas prácticas que se anuncia parece que es imposible eliminar de la política porque sus protagonistas no dejan de ser una representación de la sociedad en la que viven, un espejo de como nos comportamos y de nuestros códigos de valores.
Aún así es difícil de entender cómo se ha llegado a esta situación en las familias ‘popular’ y ‘socialista’. Sus dos líderes están ahora mismo en la picota y nadan contra corriente para superar límite y de confrontación, que podría separa a uno de la presidencia de la Diputación y a la otra de la portavocía del principal grupo de la oposición. 
Como espectadores invitados de este combate de pressing catch es inevitable preguntarse si merece la pena el escarnio público al que se están viendo sometidos estos días. Aunque si uno tira de hemeroteca se comprueba que ante ambos participaron de situaciones similares con sus compañeros. Por eso TeresaLópez no encuentra ahora casi ningún apoyo en el PSOE entre los críticos con Puente, que si antes la puso ahora le pide que se vaya. Y lo mismo le sucede a Jesús Julio Carnero que después del Congreso provincial dejó de lado a gran parte de la gente de Nuevas Generaciones que había apoyado a su rival, Borja García Carvajal. Unos jóvenes que ahora mandan en Génova, que ha mandado a su hombres de negro a Valladolid a reunirse con él y poner orden.
Mala solución tienen estas vendettas de partido, pero mala digestión tiene para los votantes de uno y otro partido que primen los intereses personales y no los programas que se vendieron en campaña.


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