DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Dos veces víctima

Las noches electorales ya no volverán a ser lo que eran. Los candidatos ganadores ya no se atreverán a atribuirse el triunfo ufanos de su victoria y habrán de esgrimir cierta humildad. León ha sido paradigma de rectificaciones drásticas en el recuento electoral. Este jueves por parte de la Junta Electoral Central. En doce días los dos concejales inicialmente atribuidos a Vox han pasado al PSOE y UPL. Un sinvivir. No ha sido la primera vez que el recuento de votos ha supuesto un vuelco tan radical en las expectativas por alguno soñadas. Y resulta curioso que en dos casos las víctimas hayan sido las mismas.
En las elecciones municipales de 2007 la entonces presidenta provincial del PP en León, Isabel Carrasco, se autopostuló aspirante a la Presidencia de la Diputación. El recuento inicial de votos situó al PP a falta de dos diputados para la mayoría absoluta en la Corporación Provincial. No era la deseada por las altas esferas de su propio partido. La incapacidad de Isabel Carrasco para urdir consensos y la animadversión que suscitaba entre los suyos, provocó que el entonces consejero de la Junta, Antonio Silván, y el alcalde de Valencia de don Juan, Martínez Majo, impulsados desde la sombra por Juan Vicente Herrera, dieran un paso al frente. Sin embargo, dos días después la situación era otra muy distinta: En los recuentos de votos el PP ganaba un diputado provincial en el Bierzo y otro en el partido Judicial de Cistierna. Isabel Carrasco resurgió con fiereza, esgrimió la mayoría absoluta conquistada. Viajó a Valladolid y regresó horas después confirmada como candidata incuestionable. Silván y Majo hicieron mutis.
 Doce años después la historia parece repetirse para Antonio Silván. No ocultaba su euforia en la noche electoral y pese a estar empatado a concejales con el PSOE, no dudó en autoproclamarse indiscutible ‘líder del centro derecha’, alcalde repetidor, arrogándose públicamente la tutela de los seis votos que sumaban Ciudadanos y la extrema derecha. Pero Vox, finalmente con menos respaldo del previsto, rompió el cántaro.