A QUEMARROPA

Julio Valdeón

Periodista


Una calamidad europea

19/03/2021

Vuelve la vacuna de AstraZeneca. La habían suspendido por unos riesgos ínfimos colocados no ya al lado del propio Covid-19, sino junto a buena parte de las movidas, meteoritos y diluvios a los que te expones desde que cruzas la calle. Uno, de hecho, no sabe si interrumpieron la administración con la cabeza en las cuestiones sanitarias o en las hipotéticas demandas. Pero hay quien sostiene que la vacuna de Oxford, que no tiene nada que ver con las revolucionarias joyas de Arn mensajero de Pfizer y Moderna, ha conocido un desarrollo demasiado accidentado. Sin pruebas extensas en personas de más sesenta años. Fiados todos a que el problema estaría en vías de solución en pocos meses. Lejos de los ingentes recursos invertidos, un suponer, por la administración federal de EE.UU. Lo de Europa, alabado en su momento como ejemplo de gestión sensata, huele ya a amoniaco. Un tango descangallado. Una chapuza para ilustrar los manuales de Historia, sección de infamias burocráticas. Más allá encontramos países como Israel, siempre bajo la cimitarra del enemigo. Entrenado en la supervivencia a cara de perro. Cuyo primer ministro, el por tantas razones inquietante Netanyahu, bombardeó a los ejecutivos de Pfizer a telefonazos, más de 30. Ofreció un potosí varias veces por encima del precio de mercado. Europa, que con su incompetencia trajo la ruina y la muerte, ha gestionado las vacunas con una negligencia, una opacidad, una pereza y una cicatería impensables. Todo esto mientras los EE.UU. del macarra Donald Trump, cabeza de zanahoria y verbo supremacista, acumularon bastantes menos errores, y menos muertos por millón de habitantes, que, pongamos, España. Siempre podemos mirar hacia el Brasil de Bolsonaro. Pero claro, donde en un sitio hay favelas y villas miseria en el otro tenemos la UE, Bruselas, el Bundesbank y los Campos Elíseos. Cualquier semejanza resulta obscena por la distancia de partida. Justo cuando creíamos que el verano sería el de la victoria, con vencejos sobre las piscinas y risas en las calles, vendrán más meses malos y nos harán más ciegos.