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Belén Viloria


El día después

26/04/2020

La malaria, el paludismo o incluso el hambre producen más muertes que esta pandemia. La diferencia es que por un lado esta no entiende de discriminación, y por otra que hoy tenemos la innovación, tecnología y poder económico para superarla. Sin embargo, la incertidumbre de no tener vacuna aún, hace que el día después no sepamos con certeza ni cuándo será, ni cómo va a ser y lo más diferente de todo es que por primera vez no podremos volver a una situación de normalidad aparente, a la que hemos estado acostumbrados. Estamos ante una nueva prueba y una nueva oportunidad.
Al final del periodo de confinamiento no podremos abrazarnos ni tocarnos y tampoco afrontar con normalidad la que se nos viene encima. En España, la estimación es que 6 millones de personas sufrirán severamente los efectos económicos y sociales del COVID-19 y que tardaremos al menos 3 años en volver a una ‘normalidad’ económica. Una pandemia sanitaria, aún vigente, que ya está creando una larga y tediosa pandemia económica y social. 
¿Colapsarán el sistema financiero, energético y social como piezas de dominó? Esta pandemia ha demostrado que, a pesar de tener los mejores medios e innovaciones de nuestra historia, no estábamos preparados. ¿Estamos aprendiendo? ¿Estamos preparándonos y tenemos un plan para el día después?
La necesidad nos ha llevado a acelerar procesos que hubieran llevado años, industrias enteras han pasado a trabajar desde casa, universidades y escuelas han pasado a la enseñanza online y los gobiernos están inyectando billones en la economía.
Además, estamos viviendo un aislamiento social sin precedentes. A unos les está haciendo reencontrase y estrechar lazos con sus seres más queridos y cercanos, a otros les está suponiendo un stress desmedido por descubrir que conviven en el fondo con desconocidos, y hasta se están viviendo otras situaciones terribles en las que hay personas que se ven obligadas a convivir de manera continuada con su agresor. Situaciones todas ellas muy dispares que hacen aflorar emociones inesperadas que están generando una verdadera necesidad de apoyo psicosocial que, sin duda, dejará huella.
Hasta que la vacuna exista y esté disponible para todos, nos esperan nuevas reglas de convivencia; confinamientos parciales, geolocalizaciones, tecnologías de control, carnets de inmunidad para disfrutar de más libertad de movimientos, etc. Reglas que tienen un riesgo evidente y que en muchos países se pueden estar poniendo en práctica sin un desarrollo adecuado o debate público, que en el corto plazo pueden parecer justificados, pero con el enorme riesgo de que se queden como permanentes.
Para acometer las soluciones necesarias en todos los ámbitos de la sociedad en los que esta pandemia nos está poniendo en jaque, de nuevo la solución a nivel global se debate entre si es a través del aislamiento de los países, o a través de la cooperación internacional y la solidaridad. Y a nivel de país, la disyuntiva está en si se va a superar mediante controles y vigilancia centralizados, o mediante la solidaridad social y el empoderamiento de los ciudadanos.
De nuevo tenemos ante nosotros una nueva oportunidad, y a la vez una menos, para repensar un orden distinto que nos lleve hacia una nueva realidad y una organización mundial mejor con unos poderes públicos que estén verdaderamente al servicio del bien común. Una sociedad más justa, sostenible y sobre todo más humana.
Si por fin entendemos que todos somos vulnerables, reforzamos la solidaridad, colaboración, la confianza en la ciencia y en las personas, podremos salir de ello reforzados. 
El día después tiene que ser el de la ciudadanía global, una ciudadanía organizada que propone y actúa, y que unida es capaz de proteger a la Humanidad.



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