PLAZA MAYOR

Alfonso González Mozo

Periodista


¿Y qué esperaban?

Hay una serie de opinólogos ‘filoindepes’ clamando a los cuatro vientos aquello de que la sentencia del ‘Procés’, lejos de poner paz, ha provocado una algarada en las huestes catalanistas. En unos casos, insinuándolo y, en otros, diciendo abiertamente que todo lo que se está viviendo es culpa de los jueces del Tribunal Supremo, en una falta de respeto intolerable a una Justicia a la que le ha caído el marrón de resolver una parte de un complejo problema que es exclusivamente político y que todos han querido que saltase a los tribunales.
Lo ven bien hasta los condenados a penas de más de diez años de cárcel, sabedores que lo peor ya ha pasado y que la libertad está a la vuelta de la esquina. Y que, para muchos, los que fabulan con esto del independentismo catalán, serán ‘mártires’, ‘presos políticos’ que han sufrido la ‘opresión’ del Estado español y toda esa sarta de chorradas que se alienta por personajes como Pep Guardiola; excepcional entrenador, discutible político. Mentiras que porque se repitan mil veces nunca podrán ser verdad, ya que no se les condena por sus ideas -eso es ser un preso político-, sino porque infringieron las leyes. Las que tenemos en España. Las que todos debemos respetar, nos guste más o menos. Porque seguro que hay conductores que no comparten que ir a 140 km/h por una autopista pueda ser objeto de multa; pero lo es.
¿Y qué esperaban? Esa es la pregunta que yo les hago a todos esos opinólogos. ¿Acaso creían que lo del 1-O iba a quedar impune? Malversación de fondos públicos, referéndum ilegal, violencia animada por unos políticos que, como ahora Torra, se creían intocables, una policía que no actuaba... La situación fue tan grave que cualquier persona con un par de dedos de frente no podía imaginar otro final para el ‘Procés’. ¿Mirar para otro lado?
‘...es que esta sentencia no contribuye a dar una solución al conflicto catalán’, dicen algunos. ¡Coño! Es que el Supremo lo único que hace es juzgar unos hechos concretos, no se ha estado reuniendo para supervisar una negociación entre el Estado y el huidizo (y cobarde) Puigdemont, o con el títere Torra o con el (ahora) coherente Rufián (el primero de los ‘indepes’ en rechazar la violencia). Esto no es culpa de los jueces ni de los policías que se juegan el tipo. Aquí hay grupos organizados decididos a sembrar el caos. Intolerable. Como todo en esta loca vorágine en Cataluña.