TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


¿Cumbre?

Lo siento mucho, pero tengo demasiadas dudas respecto a los resultados tangibles de la llamada Cumbre del Clima que se desarrolla estos días en Madrid tras su apresurado traslado desde Chile. Y no es porque uno sea escéptico por naturaleza ni por eso que se llama coces de la vida, sino por precedentes tan sombríos como lo ocurrido desde la famosa Cumbre de París, allá por el 2015, cuando parecía que el acuerdo entre decenas y decenas de países iba a significar un respiro-esperanza para un planeta necesitado de buenas noticias. El pacto parisino- nos contaron, optimistas ellos- iba a ser el inicio, responsable, sensato, aceptado por todos, de una nueva era para la Humanidad: menos gases; menos contaminación; menos, por tanto, efecto invernadero; menos, o frenazo, del aumento de la temperatura en el globo; más concienciación de los problemas derivados de la quema indiscriminada de combustibles fósiles, etcétera, etc. Y todos los presentes (o casi) ovacionaron aquellas conclusiones. Y todos (o casi) respiramos aliviados ante la perspectiva, ilusionante, que se abría desde la capital francesa. ¿Qué se fizo desde entonces? Mejor no bajar al detalle porque nos deprimiríamos hasta la necesidad de psiquiatra. Baste con soltar dos palabras: Trump y China. Uno porque no quiere y la otra porque no le da la gana. El cambio climático no va con ellos. Que descontaminen los demás. Que se aprieten los machos otros países mientras nosotros seguimos a lo nuestro, porque lo nuestro es lo primero, y casi único, y lo demás, incluida la Tierra como morada de todos, que arreen. Y así llevan unos cuantos años sin que nadie se atreva a toserlos. Son demasiado influyentes para tenerlos como enemigos. Y si les tosen, pasan del problema y se ríen, como si la cosa tuviera maldita gracia. Y llegan a la Cumbre (¿o es un simple repecho?) de Madrid con esa filosofía y escasas ganas de cambiarla. ¿Entienden ahora mis dudas, mi escepticismo e, incluso, un pesimismo que ojalá no se confirme? Ojalá, Madrid obre el milagro. ¡Ah!, ¿y hacen falta 30.000 delegados para eso?