ZARANDAJAS

Pablo Álvarez

Periodista


Whatsapp, el principal foco de contagio (del pánico)

Cada día que pasa de la cuarentena estoy más convencido de que la omisión más grave del decreto de Estado de Alarma ha sido no recoger medidas extraordinarias de limitación de los grupos de Whatsapp. Hoy por hoy son el principal foco de contagio del virus del pánico que mata, no literalmente, pero sí de de angustia a todos los que en sus casas esperamos que pase lo antes posible esta pesadilla.
Según lee esto estará pensando: pues lo desinstalas, tonto, y dejas de tocar las narices a todos los que nos gustan los grupos de Whastapp. El problema es que para muchos, entre los que me incluyo, es una herramienta más de trabajo y la corrección social me lleva a aguantar el impulso de salirme de ellos. Ya veremos qué ocurre en el tiempo que dura esta cuarentena.
Podríamos hacer una radiografía de la fauna ‘whatappera’ y comenzaría por los ‘cachondos’. Esos que reparten a discreción todo aquel chiste, gracia o chorrada con más o menos gusto que les llega. Suelen ser inofensivos, en algún caso incluso graciosos y te sacan una sonrisa en estos momentos de desconcierto. Pero con tanto tiempo libre y este carácter español, tan dado al cachondeo y a convertir en chiste cualquier situación, que el volumen resulta atronador. La capacidad de contagio es cien veces superior que la del dicho covid-19.
Luego están los de contactos de gatillo fácil. Comparten todo lo que cae en sus manos antes incluso de leerlo y mucho menos de asimilar si lo que están difundiendo tiene el mínimo viso de ser cierto. Piensan que más vale prevenir que curar, sin caer en la cuenta de que en cierta medida en lugar de proteger o ayudar, están contribuyendo a sembrar el caos y propagar la angustia. Buscando un símil con la pandemia, son como Ortega Smith en el mitin de Vistalegre. En ese caso, no sabría que estaba infectado pero había hecho un tour por focos de riesgo que podría haber pensado que tenía alguna papeleta. En el caso de estos ‘contactos de gatillo fácil’, se la han colado tantas veces que por qué no se pararán un segundo antes de dar al botón de reenviar. Ortega Smith pidió perdón...
Pero los más peligrosos son esos que no saben si asustan o espantan. En su gran mayoría son bienintencionados que tratan de avisar a sus más allegados para que tomen precauciones y cobren conciencia de la difícil situación sanitaria que atravesamos. Con un tono solemne y casi siempre a través de mensajes de audio profetizan el apocalipsis. Su capacidad de contagio es alta porque llega a muchos de gatillo fácil y al estar en muchos casos vinculados con el sector sanitario, su palabra se toma como si partiera directamente de la Biblia. Tanto es así que ha obligado a muchos otros compañeros sanitarios a grabarse y dar la cara para poner cordura dentro de ese caos. Pero el mal está hecho.
Luego están las malas personas. Esas las hay en todos los órdenes de la vida y se dedican a generar mentiras y bulos porque sí. Algunos intentan ser graciosos pero esa gracia la tienen muy cerca de ese papel higiénico que tanto escasea. Otros son malos, sin más. Con ellos también hay que lidiar y tienen Whatsapp.
El virus de los bulos y la desinformación, al menos tiene vacuna. Esa vacuna son los medios de comunicación, tan vilipendiados, y los miles de profesionales que también están en primera línea para hacernos llegar una información contrastada y fiable. También aquí hay malos, como en todos los órdenes de la vida, pero son los menos, tienen controles y pueden responder ante la Justicia de sus irresponsabilidades. Desde aquí un aplauso a todos los compañeros que trabajan y estos días en condiciones más difíciles en sus casas sin los medios técnicos óptimos. Gracias a todos por informarnos.