PLAZA MAYOR

Maite Rodríguez Iglesias

Periodista


La buena vecindad

21/03/2020

Así, de forma precipitada, sin tiempo casi pa asimilarlo hemos pasado de vivir a un ritmo acelerado, muchos dirían que frenético, a enclaustrarnos en nuestra casas, pasar a modo pausa y renunciar al concepto de ocio español tan vinculado al espacio público y las relaciones sociales. Un cambio  radical que ya ha generado mil propuestas de actividades a través de la redes sociales, pero también en las ventanas y balcones, donde ahora nos concentramos para aplaudir a los héroes de esta crisis generada por un enemigo invisible, que está poniendo en jaque a nuestro sistema social y moral. 
Son muchos los profesionales que estos días están en primera línea dejándose la salud en el esfuerzo por cuidar del resto. Están los sanitarios, las Fuerzas de Seguridad, los cajeros, reponedores, transportistas, farmacéuticos,... Tantos que es imposible citarlos a todos. Un esfuerzo que necesita no solo de un homenaje sino que exige que cada uno cumplamos nuestra parte, que no es otra cosa que seguir las indicaciones que nos ha dado el Gobierno que es quedarnos en casa o si tenemos que salir a comprar o trabajar, minimizar los riesgos. Y aunque una gran mayoría la está cumpliendo hay otro porcentaje que parece no entender la situación o minimiza el riesgo.
 Por eso se convierte en una exigencia la responsabilidad social individual, que no es ni más ni menos que la conducta ética de cada uno de nosotros para nosotros mismos y con nuestro entorno. Esto va mucho más allá de cumplir las obligaciones legales, que las hay que cumplir, porque también debemos con nuestra familia, con nuestros amigos, con los compañeros de trabajo, con nuestros vecinos y con la sociedad. Y ese deber, que ahora hay que priorizar sobre nuestros derechos, no conlleva solo evitar el contagio o la propagación sino que implica ser solidario. Hay que pensar con visión global porque esta epidemia no se para de uno en uno ni sus consecuencias las podremos resolver de forma individual. Por esos los ejemplos de buena vecindad que están apareciendo en Valladolid debe multiplicarse porque este situación extraordinaria apunta a que durará más tiempo del deseado y tejer redes solidarias es fundamental para evitar más víctimas. Hay que conseguir mitigar los efectos económicos y las posibles situaciones de exclusión social y aislamiento. Hay que ser buenos vecinos.