DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Diputado escoba

El hartazgo social provocado por los partidos políticos con representación parlamentaria, la quiebra del bipartidismo y la consiguiente diversificación, provoca que el último escaño de cada circunscripción electoral resulte mucho más barato, más fácil de obtener con un menor número de votos. Si a esa realidad se añade el declive de Ciudadanos, caladero donde todos quieren pescar, es comprensible que siglas hasta ahora sin representación parlamentaria acaricien el sueño de conseguir ese escaño que en otras circunstancias resultaría impensable.
Los partidos locales quieren mimetizarse en el éxito de formaciones como Coalición Canaria o el Partido Regionalista de Cantabria. El gran modelo por estas tierras, por proximidad geográfica y por su reducido censo, es la formación de Miguel Ángel Revilla, que en los comicios de abril logró algo más que una pica en Flandes, un representante en el Congreso de los diputados. Un solo voto, sí, pero que en las actuales circunstancias de fragmentación otorga a la comunidad vecina una visibilidad, y un poder, muy por encima del porcentaje matemático.
En Castilla y León cerca de una decena de partidos de ámbito regionalista quieren emular al locuaz Revilla. Precisamente ese es su principal obstáculo, que en su mayoría carecen de un líder. En algunos casos son movimientos sociales que han aglutinado el descontento de una población que se siente olvidada y que se plantea el reto de traducir ese cabreo colectivo en un escaño en el Parlamento Nacional. Plataforma del Pueblo Soriano posiblemente sea la formación que con más celeridad y éxito mediático ha transcendido su propia frontera, mientras que la Unión del Pueblo Leonés se presenta con un bagaje electoral ya contrastado. Los leonesistas sueñan con lograr quince mil votos más que en las pasadas elecciones autonómicas, confiados en que el último de los cuatro sillones que se disputan en León costará menos de cuarenta mil votos. Seguramente esta decena de partidos locales se queden en la anécdota, pero su presencia debería hacer pensar a los elegidos que son enviados a Madrid para defender a sus paisanos y no para someterse a la disciplina férrea de quien tiene la capacidad de colocarles en las listas.