TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Pueblos

06/10/2020

Cuando acabe la pandemia, que algún día acabará, ¿cuántos seguirán viviendo en los pueblos donde ahora se han quedado por miedo al virus?, ¿cuántos mantendrán en la práctica, y con coherencia, las alabanzas que actualmente dedican a la vida rural, la tranquilidad, la seguridad?, ¿cuántos volverán a la vieja normalidad de amontonarse en las grandes ciudades mientras la España vaciada se despuebla a raudales? Son preguntas que brotan del escepticismo y de las gigantescas dudas que suscita una situación tan anómala como pasajera. ¡Los pueblos, ah los pueblos! De repente, parece que se han convertido en la panacea universal o algo similar. Hay menos coronavirus que en las urbes, el aire es sano, las casas familiares continúan siendo acogedoras, la jubilación da para más, el huerto, los frutales, las charlas (mascarilla y distancia recomendada) con los vecinos, los vinos y las tapas en el bar rodeado de conocidos, los paseos por el campo, la posibilidad del teletrabajo, la recuperación y extensión de costumbres perdidas, el ritmo lento de la vida como vacuna contra el estrés…Todo positivo, todo nuevo, como si nunca hubiera estado ahí. Algunos están descubriendo estos días lo que mamaron de pequeños, lo que habían heredado de generaciones y generaciones, lo que el día que emigraron pasó a ser cosa de paletos y de un mundo que había que olvidar pronto. Pero ahora retorna casi como una venganza anímica. Y nos pone frente al espejo. ¿Hasta cuándo? ¿Será verdad que la pandemia va a cambiar muchas cosas, incluida la necesidad, y obligación, de mirar a los pueblos con otros ojos? Repito: tengo muchas dudas. Entre otras cosas, porque todavía no he visto ni oído medidas que ayuden al mundo rural y favorezcan su recuperación. Y porque siguen fallando los servicios, especialmente el sanitario con pocos médicos, y agotados, sin cubrir las bajas y, en muchos lugares, sin consulta presencial. ¿Así se va a lograr asentar población donde tanto escasea? Eso sí, lo explican, y justifican, muy bien. Lo que pasa es que la gente no lo entiende. Somos muy cerrados.