UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Confusiones

22/02/2021

Era más que previsible que el Tribunal Supremo iba a decidir lo que, de momento, ha decidido respecto a la medida del adelantamiento del toque de queda. Y digo de momento, porque aún no se ha pronunciado sobre el fondo del asunto. La medida, en estricto sentido jurídico aún no está anulada, está suspendida de forma cautelar hasta que se dicte la sentencia definitiva, si bien es cierto que todo apunta, vistos los argumentos de la suspensión, a que el fallo final irá en ese mismo sentido. Más que previsible, casi se podría afirmar que así será: el toque de queda supone restricción de un derecho, como lo es la libertad de circulación de las personas, y para tal limitación no están habilitados los Gobiernos autonómicos, sino sólo dentro de las bandas horarias que fija la normativa del estado de alarma ratificado por el Parlamento. Esas son las reglas del juego, y, si algo puede extrañar, quizá sea que el propio Tribunal Supremo haya tardado un tanto en dictar la suspensión cautelar de la medida desde que el Gobierno recurrió la decisión de la Junta. Acaso tenga que ver con el hecho de que el Gobierno, si estoy en lo cierto, tampoco pidió la suspensión cautelar al recurrir, pero, aun así, y tratándose de una cuestión de derechos fundamentales, hubiera sido deseable algo más de agilidad.
 Sea como sea, y siendo esta la situación, toca rebobinar y poner claridad. Además de los lamentos, las explicaciones, las molestias y las decisiones que hayan podido expresarse, sentirse o adoptarse, que normalmente son menos de las que fueran menester, lo que procede es eso, poner claridad, y ojalá que pueda ser para una temporada, confiando en que las cosas vayan progresivamente a mejor. Ni es razonable que los ciudadanos no sepan con nitidez lo que pueden hacer o no, en cada lugar y en cada momento; ni lo es que las empresas, los negocios, o los establecimientos, tengan dudas a la hora de planificar su actividad. El objetivo de la salud, que es de por sí una fuente de preocupación principal, no puede verse menoscabado por la inseguridad en el comportamiento; dicho de otra forma: si a los ciudadanos se les pide paciencia, conciencia y responsabilidad, lo lógico es que se les ofrezca seguridad y confianza, y todo eso empieza por la claridad.