Editorial

El Congreso debe activar hoy la prórroga y dejar a un lado las discrepancias serias

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La todavía irrefrenable progresión de la pandemia ha logrado algunos consensos, pero no ha terminado acabar con las tensiones. Ni en nuestro país ni fuera de él. Hoy el Congreso de los Diputados aprobará, previsiblemente, la prórroga del estado de alarma hasta el 11 de abril, pero lo hará con diferencias de visión entre el Gobierno y algunas comunidades autónomas en lo relativo al endurecimiento de las medidas. Para el primero, las existentes son suficientes, si todo el mundo las cumple; es decir, si los ciudadanos permanecen en sus casas y salen solo lo imprescindible y si no se repiten más casos de inconsciencia como algunos detectados durante la primera semana y, por supuesto, si no falla ninguna línea de suministros básicos. Varios presidentes autonómicos son más partidarios de prohibir toda actividad productiva y llegar a un confinamiento total y absoluto. Insiste el gabinete de crisis en que no se puede parar toda la actividad porque son muchas las líneas productivas necesarias para garantizar la supervivencia de la población, aunque ciertamente en algunos sectores mantenerse activos está resultando no solo difícil, sino incluso peligroso por falta de equipos de protección individual.
Éste es ahora mismo el otro gran caballo de batalla, ya que mientras el Ejecutivo de Sánchez asegura una y otra vez que a nadie le faltarán mascarillas, batas, gafas y demás elementos de protección, a diario se oyen protestas, demandas y peticiones que llegan desde centros sanitarios, residencias de ancianos y empresas que siguen en activo. Incluso hay comunidades, como la madrileña, que señalan al Gobierno y le echan en cara haber requisado compras de material realizadas desde allí. Esas tensiones y otras  pueden salir a relucir hoy en el Congreso, como es el caso de los cadáveres hallados en algunos geriátricos, al parecer por falta de medios para hacerse cargo de ellos en los propios centros. También hay problemas con las funerarias y Madrid se encuentra al borde del colapso, ya que sigue liderando el número de infecciones y de fallecimientos. El ministro de Sanidad pide a las demás comunidades solidaridad con la madrileña, pero tal y como está la situación general, no parece fácil renunciar a lo que se necesita para dárselo a otro. El Gobierno va a tener que hilar muy fino.
Y en este cúmulo de equilibrios en la cuerda floja llega la decisión, por otra parte bastante coherente con la gravedad de la situación, del aplazamiento de los Juegos Olímpicos. Y llega también otra desde Estados Unidos: la de Donald Trump de relajar las medidas de contención en pos de la producción y la riqueza de la nación, de escasa consonancia con las recomendaciones en todo el mundo ya que no se trata de un problema particular de un país. En esta pandemia global, el error de estrategia de uno afecta a todos.



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