Vidal Maté

Periodista especializado en información agraria


La postpandemia amenaza al campo

21/08/2020

Durante los últimos meses de pandemia, el sector agrario ha sido protagonista por su capacidad para mantener una oferta suficiente hasta en los momentos de mayor tensión en la demanda, con precios a la baja en los productos ganaderos ante la dificultad para utilizar la salida habitual en la restauración y con cotizaciones dispares, con subidas y bajadas en los productos de frutas y hortalizas en función de los picos de las compras, pero sin que se hayan producido situaciones de tensión por acaparamiento o retención de la oferta en origen. En resumen, el campo no hizo negocio de la crisis y ha dado el servicio con una oferta suficiente de calidad y a buenos precios, objetivos que contempla y que justifican la existencia de la Política Agrícola Común.
En condiciones normales, hay una serie de productos básicos en la cesta de la compra como leche, aceite y, en determinados momentos, algunas carnes como pollo y conejo, que han sido utilizados con precios de oferta como reclamo de la gran distribución para animar la demanda con bajadas de cotizaciones que partían de las rebajas en origen. 
Hoy, con la caída de los ingresos provocada por la crisis en una buena parte de los hogares recortando su capacidad adquisitiva, la generalización de los precios de oferta y el crecimiento de los productos más baratos de marca blanca en hipermercados y supermercados, amenaza con convertirse en la protagonista de los lineales de la gran distribución en la batalla por la cuota de mercado que existente entre los grandes grupos. El riesgo para el sector agrario es que esas rebajas de los precios al consumidor, como sucediera en el pasado, no se hagan recortando los márgenes entre los operadores de la cadena, sino que los mismos se concentren simplemente en bajada de los precios a la industria y desde ahí a los agricultores y ganaderos. 
En este escenario de cambios en la demanda por la crisis económica donde van a jugar un papel protagonista los precios, el titular de Agricultura ya advertía hace unos meses sobre la posibilidad y los riesgos de esta nueva situación en un encuentro con las patronales de la gran distribución para lanzar discretamente una primera advertencia suave, pero cargada de mensajes. 
El ministro recordó a los grandes distribuidores la obligación de no banalizar los productos agrarios. Dicho en otras palabras, evitar las viejas estrategias de ofertas escandalosas a la baja o ventas a pérdidas, hoy prohibida, a costa en algunos casos de reducir beneficios la gran distribución, pero en la mayor parte de los casos simplemente rebajando los precios en origen, además de jugar con el deterioro de la imagen de productos de calidad. Luis Planas llamó a la compra de productos de cercanía o de proximidad, para dar apoyo por un lado a la tienda tradicional, pero, sobre todo, un impulso a la compra de los artículos de aquí frente a la eterna pretensión de apostar por las compras baratas en el exterior y a los productos de temporada para apoyar el sostenimiento de los precios del sector.
Productos básicos. No obstante, esas recomendaciones, con la crisis sobrevolándolo todo, es más que previsible que con el nuevo curso, este año con más fuerza, vuelvan a dominar en los lineales los precios de oferta en algunos de los más importantes productos básicos en la cesta de la compra.
En circunstancias normales, los consumidores, en función de sus gustos y de su situación económica, dan pistas a la distribución sobre la calidad, precios y hasta los formatos de los productos alimentarios que demandan. El reparto, como dueño de los lineales, con la sartén por el mango, tiene la posibilidad, a su vez, de marcar tendencias, incitar al consumo de unos u otros productos según sus estrategias vía ofertas, precios y márgenes comerciales. Y, en base a todas esas circunstancias, quienes poseen el poder de los lineales, tienen también la posibilidad de imponer sus condiciones al campo y al conjunto de las pequeñas y medianas empresas alimentarias, donde solo los grandes grupos multinacionales, con marcas muy implantadas y demandadas por los consumidores, tienen capacidad para negociar de poder a poder.
Diferentes firmas consultoras y analistas de los mercados como Deloitte, Nielsen, IRI o Kantar coinciden en señalar, de una u otra forma, el mayor peso que va a suponer en la cesta de la compra de los hogares el gasto en alimentación que actualmente supone el 17% de la misma. 
Desde la Asociación de Fabricantes y Distribuidores, Aecoc, se profundiza más en el nuevo escenario para señalar que con la crisis y todos sus efectos, fundamentalmente económicos, se va a producir un cambio en la forma de elegir la compra de alimentos. Más de un 60% de los consumidores señalan ya los precios como el eje principal a la hora de llenar el carro. En esa línea habrá todavía una mayor apuesta por las marcas de la distribución barata que actualmente suponen una media del 40%, pero que llegan a cuotas superiores al 60% en segmentos como aceite o leche.
Frente a la crisis de 2008 cuando la marca blanca creció entre ocho y 10 puntos, en este momento se estima que su expansión será importante, pero inferior. Con la crisis, muchos consumidores han descubierto otras opciones de compra. Han crecido en más de un 20% los clientes que antes no adquirían marcas de la distribución o marcas blancas, y casi un 30% han cambiado de empresa por el precio, y, lo que es más importante, su decisión de seguir con su nueva elección.
El reciente real decreto por el que se modificaba y mejoraba parcialmente la Ley de la Cadena contemplaba la obligatoriedad de suscribir contratos de compraventa y que los precios reflejaran los costes de producción. Es complejo determinar esos valores medios, aunque el Gobierno ponga al día los datos oficiales en cuanto cada explotación, y las circunstancias de cada agricultor es un mundo. Pero, ante el actual nuevo escenario, donde se verán precios más bajos para vender más, será más necesaria que nunca la actividad de la Agencia para la Información y Control de la Cadena Alimentaria para evitar y corregir situaciones de desajustes graves donde los platos rotos suelen caer en origen.
Con crisis o sin crisis, la realidad es que el sector agrario vuelve a ser el principal atrapado sin posibilidad de mirar para atrás donde salvar los muebles. Dice un refrán urbanita castellano que Los agricultores andan siempre llorando, unas veces por duro y otras por blando. Uno, añadiría que Los agricultores andan siempre atrapados, unas veces por los de arriba y otras por los de abajo.