Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Expectativas defraudadas

15/06/2021

Si desde La Moncloa y el Palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, se hubiera situado el paseo entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de Estados Unidos, Jon Biden, en sus justos términos no se hubieran defraudado las expectativas creadas. Pero desde ambas instituciones españolas se había dado a entender que el “encuentro” entre ambos mandatarios sería algo más que una breve caminata por los pasillos de la cumbre de la OTAN, tras estrecharse las manos. La duración, entre los veinte segundos y los cuarenta y cinco, según el medio de comunicación sea más propenso o adverso a Sánchez porque la oposición también se mide en segundos, se ha quedado en nada cuando se había dado la impresión de que se sentarían a abordar un conjunto de asuntos que preocupan a dos países socios y aliados.  

El pasado viernes, la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, y el secretario de Estado, Antony Blinken, se comunicaron  para preparar el encuentro y que se supone que abordarían ambos mandatarios: la evolución de la OTAN; de América Latina y sus oleadas de migrantes, y por supuesto de Venezuela y Nicaragua;, de Oriente Medio, para trabajar conjuntamente en la solución del problema palestino, con la premisa de los dos Estados, o de la mediación de EE UU con Marruecos para desactivar la tensión diplomática con España.  

Todos esos asuntos, más los propios de las relaciones bilaterales darían para celebrar una Reunión de Alto Nivel de un par de días con equipos de ministros a un lado y otro de la mesa. A Moncoia y Exteriores más les habría valido señalar que el encuentro habría sido un saludo como el que han tenido otros presidentes españoles con líderes mundiales, en el transcurso de una cumbre, sin darle una trascendencia que no tiene. Al menos Sánchez tiene la foto, varias fotos, que le servirán para quitarse el sambenito de que Joe Biden ni tan siquiera se había puesto en contacto con él, después de haberlo hecho con el presidente de Costa Rica, por ejemplo.  

La Moncloa ha convertido en un fiasco una foto que iba a convertirse en un éxito a sumar a la victoria de Juan Espadas en las primarias del PSOE de Andalucía en la primera vuelta, que supone acabar políticamente de forma definitiva con Susana Díaz, una de las baronesas que podría sumarse a los otros presidentes autonómicos que contestan a menudo las iniciativas de Pedro Sánchez, y después de que en la concentración de las tres derechas en la madrileña plaza de Colón, contra la concesión de los indultos a los líderes del ‘procés’, el presidente del PP, Pablo Casado, escuchara algunos abucheos. Pero, sobre todo, por la metedura de pata de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, por involucrar al rey en la decisión del Gobierno, que ha derivado en que la atención se desviará de las consecuencias de la manifestación a la sucesión de declaraciones para tapar un desaguisado de los que habrían hecho feliz a Pablo Iglesias, cuando afirmaba que algunas defensas a la Corona allanaban el camino a la República.  

La Moncloa ha tenido un error de cálculo que en todo caso podrá trasladar al debe de la ministra de Exteriores que ya acumula otros déficits, mientras que en el PP el día siguiente de Colón II también ha dejado un sabor agridulce. Por el desliz de Ayuso.    



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