TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Reparto

28/07/2020

¿Cómo se repartirán los 140.000 millones de euros que España recibirá tras el acuerdo europeo de la pasada semana?, ¿qué criterios se aplicarán?, ¿cuántas comunidades autónomas se quejarán, protestarán y amenazarán con el apocalipsis? Bueno, esta última pregunta es fácil de contestar: todas. Ya verán cómo, se haga lo que se haga, ninguna se sentirá plenamente satisfecha…aunque, de puertas para adentro, acepte el reparto, pero, ¡ay!, es imprescindible poner trabas cuando uno habla para los de casa y tiene que demostrar que ha defendido hasta la última gota de sangre los intereses de su tierra. Y en esa defensa, se incluyen, claro, los agravios comparativos, tan presentes, sean reales o no, en cualquier negociación donde cada territorio arrima el ascua a su sardina sin importarle si al de al lado lo machacan. Por tanto, preparémonos para oír, y sufrir, que sale beneficiada Cataluña porque ERC es socio de Pedro Sánchez, que si Madrid pierde porque gobierna el PP, que si debe primar la población, que si hay que tener en cuenta el coste de los servicios, que si nosotros hemos sufrido el virus más que otros, que si no se tiene en cuenta tal o cual sector vital en tal o cual economía regional y así sucesivamente. Y todos tienen razón, o así lo creen. 140.000 millones (72.000 a fondo perdido y 68.000 a devolver) son muchos y deberían dar para mucho, pero sospecho que se van a quedar cortos, muy cortos, ante las demandas de los presidentes regionales. Eso si no mezclamos en el reparto, como ya se barrunta, referéndums de autodeterminación, nuevas competencias, descentralizaciones y otras peticiones de esas que huelen a chantaje. ¿Qué puede hacer el Gobierno de Sánchez? Obviamente, escuchar a todos, corregir exageraciones y medias verdades y tratar de que el reparto nazca de la equidad, del trato igualitario y de la obligación de impartir justicia. Y también de que sus decisiones tengan alcance nacional con planes y actuaciones comunes. Nadie quedará conforme, eso seguro, pero el Ejecutivo central está para algo más que para repartir. Está para actuar y gestionar él mismo.¿Cómo se repartirán los 140.000 millones de euros que España recibirá tras el acuerdo europeo de la pasada semana?, ¿qué criterios se aplicarán?, ¿cuántas comunidades autónomas se quejarán, protestarán y amenazarán con el apocalipsis? Bueno, esta última pregunta es fácil de contestar: todas. Ya verán cómo, se haga lo que se haga, ninguna se sentirá plenamente satisfecha…aunque, de puertas para adentro, acepte el reparto, pero, ¡ay!, es imprescindible poner trabas cuando uno habla para los de casa y tiene que demostrar que ha defendido hasta la última gota de sangre los intereses de su tierra. Y en esa defensa, se incluyen, claro, los agravios comparativos, tan presentes, sean reales o no, en cualquier negociación donde cada territorio arrima el ascua a su sardina sin importarle si al de al lado lo machacan. Por tanto, preparémonos para oír, y sufrir, que sale beneficiada Cataluña porque ERC es socio de Pedro Sánchez, que si Madrid pierde porque gobierna el PP, que si debe primar la población, que si hay que tener en cuenta el coste de los servicios, que si nosotros hemos sufrido el virus más que otros, que si no se tiene en cuenta tal o cual sector vital en tal o cual economía regional y así sucesivamente. Y todos tienen razón, o así lo creen. 140.000 millones (72.000 a fondo perdido y 68.000 a devolver) son muchos y deberían dar para mucho, pero sospecho que se van a quedar cortos, muy cortos, ante las demandas de los presidentes regionales. Eso si no mezclamos en el reparto, como ya se barrunta, referéndums de autodeterminación, nuevas competencias, descentralizaciones y otras peticiones de esas que huelen a chantaje. ¿Qué puede hacer el Gobierno de Sánchez? Obviamente, escuchar a todos, corregir exageraciones y medias verdades y tratar de que el reparto nazca de la equidad, del trato igualitario y de la obligación de impartir justicia. Y también de que sus decisiones tengan alcance nacional con planes y actuaciones comunes. Nadie quedará conforme, eso seguro, pero el Ejecutivo central está para algo más que para repartir. Está para actuar y gestionar él mismo.