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Maite Rodríguez Iglesias

PLAZA MAYOR

Maite Rodríguez Iglesias

Periodista


La gran dimisión:

05/06/2022

En los primeros meses de la pandemia, cuando el miedo recorría las calles vacías y nos resguardamos en nuestras casas para sortear al enemigo invisible, germinó la idea un tanto pueril de que la sociedad en su conjunto saldría mejorada de tal envite. Más de dos años después esa premisa no se puede dar por válida, pero los cambios sociales que se impusieron, como el confinamiento y la generalización del teletrabajo, sí que han motivado un cambio en las prioridades personales y laborales de muchas personas.
Los primeros síntomas de lo que ya se ha bautizado como la gran dimisión o renuncia laboral comenzaron a detectarse en Estados Unidos a mediados del años pasado. Allí, mientras millones de trabajadores en todo el mundo se aferran a sus empleos para sortear la crisis económica causada por la covid-19, cerca de 40 millones de personas han abandonado su trabajo. En el país liberal por excelencia, trabajadores, mayoritariamente de entre 35 y 45 años, están dejando sus puestos de trabajo por motivos que van desde la precariedad y falta de proyección laboral, horarios intensivos y pocas vacaciones, agotamiento o la imposibilidad de conciliar.
Una decisión que inicialmente resulta muy chocante en un país como España, ya que la baja voluntaria del trabajador conlleva perder derechos como el de la indemnización por los años de contrato y el subsidio de desempleo. Pero el nuevo escenario laboral ya está sobre la mesa, aunque se descarta que vaya a provocar un problema generalizado de mano de obra. Sin embargo, en sectores como hostelería, construcción y campo, se disparan las alarmas de los empresarios porque no pueden cubrir los puestos vacantes frente a las reclamaciones sindicales de mejores condiciones
La crisis sanitaria dejó paso a la económica y luego llegó la guerra de Ucrania. Eso ha generado un escenario desconocido, no solo lleno de incertidumbres económicas sino también existenciales porque se ha puesto en evidencia nuestra fragilidad frente a enemigos desconocidos. Se ha demostrado, una vez más, que el aval económico no es un escudo completo frente a enfermedades o la barbarie humana. 
Y el movimiento de la gran dimisión va camino de promover una exigencia general de renegociación de los derechos laborales que no se veía desde la Gran Depresión, para lograr trabajar para vivir y no vivir para trabajar.