Nuria Geijo

Pedagoga de apoyo, logopeda y psicomotricista. Directora del Centro Exprésate


¿Cibereducación o ciberabducción?

26/07/2020

Ronda en mi cabeza en los últimos tiempos este controvertido término. Ya sólo el nombrarlo me produce escalofríos. La primera pregunta que cabe hacerse es, si asistir a un centro escolar es, sinónimo de obtener como resultado alumnos educados. Presumiblemente así es, o debe ser, ya que es labor del educador, educar a los educandos. Las personas que se encargan de impartir la pedagogía son asumiblemente acompañantes de los alumnos a los que van a ayudar a comprender todo lo que acontece en ese espacio educativo y social entre los alumnos o los maestros. Son el ejemplo, el referente al que imitar, en mayor medida los niños de corta edad que son en sus primeros años imitadores de sus adultos de referencia. Es por ello que un maestro ha de ser impecable en sus gestos, palabras y obras.
Contamos con maestros bien formados, comprometidos y deseosos del éxito de su práctica educativa, que se ve castrada al realizar solo labores de ‘llenado’ de contenidos poco prácticos, en las cabecitas de sus infantes. Dejando al margen la labor de hacerles conocedores del funcionamiento de la comunicación humana, transformando las ciberaulas en espacios frios, carentes de lo esencial.
El desarrollo de los niños puede verse terriblemente dañado por no responder a sus necesidades vitales esenciales, son muchos los estudios e investigaciones que corroboran que la carencia afectiva, o de tacto y contacto humano, puede dañar de forma grave y en ocasiones irreversibles al niño desde el punto de vista psicológico y físico. No solo son los padres los encargados de nutrir social y emocionalmente a los pequeños; son maestros y compañeros los encargados de satisfacer este aspecto esencial para el desarrollo HUMANO.
¿Podemos imaginar cual será el perfil emocional de unos niños que han sido privados del contacto social? consecuentemente, se tratará de adultos faltos de interés por las personas, pudiéndose ver afectadas sus relaciones personales y por supuesto su compromiso con la sociedad en general, tanto en materia política, médica, educativa y social, poco halagüeño.
Juegos, miradas, caricias, abrazos..., en un constante compartir e interactuar son esenciales para el desarrollo de las capacidades motoras, sensoriales y emocionales, así como para una adecuada relación social y el desarrollo cognitivo de los niños.
Los niños aprenden desde la experiencia, con todo su cuerpo, no solo con la cabeza, se subestima el movimiento libre o dirigido, dando como resultado un desarrollo más pobre y torpe de los niños, afectando esto a su seguridad y valía personal, además de a su capacidad de comprender e integrar la comunicación humana, muchas veces no oral. Los niños necesitan experiencias reales y concretas para construir su propia representación del mundo.
De todo lo expuesto adolece la educación cibernética, además de la terrible adicción que crea exponer a los niños al uso de la tecnología tempranamente, pudiendo verse incrementados los casos de TDA-H, autismos , obesidad y dificultades de comportamiento y aprendizaje.
Desde hace algunos años en las consultas observados estupefactos como los niños se han convertido en pequeños déspotas, enganchados y obsesionados con los juegos virtuales y las pantallas, sin ser conscientes los adultos del peligro tan aterrador que eso conlleva. Sin ir más lejos, ayer tarde, un padre desesperado me relataba el caso de su hijo de 16 años, quien solo come comida basura y no sale de su habitación más que para ir al lavabo, el resto de actividades se reducen a jugar con sus máquinas y ver series en la TV. No tiene voluntad para salir a correr o hacer algún deporte y carece de interés por salir con amigos. Esta descripción, desgraciadamente, no es un caso aislado, al contario, cada día aumenta el número de chavales con este dramático secuestro de su voluntad y fortaleza física ya que todo lo descrito debilita hasta el extremo.
¡Alguien me puede explicar el futuro de estos niños, por favor!