PLAZA MAYOR

Alfonso González Mozo

Periodista


Las fiestas covid

25/07/2020

Hubo un tiempo en el que los jóvenes iban (íbamos) a fiestas en busca de un buen rato, un ligue, unas copas, unas risas con los amigos... Había incluso quien iba a bailar y yo le respetaba desde la quietud de la barra. Pero ahora todo hay que complicarlo y cuando no se ponen a saltar a una piscina desde el balcón de la cuarta planta de un hotel de Mallorca, se citan con un contagiado de coronavirus para ver si tienen ‘suerte’ y se lo pillan. Todo ello, bien grabadito en una story de Instagram, claro.
Lo llaman ‘fiestas covid’ y por ahora solo se han detectado en los Estados Unidos del infame Donald Trump. Nada puede llegar a extrañarnos de un país con un presidente de ese pelaje y en el que denominan football a un deporte que se juega fundamentalmente con las manos y soccer... al fútbol de verdad; allí todo puede ser. Pero, claro, aquí somos muy de importar las mayores mamarrachadas con tal de que sean made in EEUU y no creo que tardemos en ver un titular de ese pelo a este lado del Atlántico.
Hace unas semanas murió un treintañero por covid tras ir a una de esas fiestas en San Antonio (Texas). Cuentan que los chavales acuden a ellas bajo el convencimiento de que a ellos el coronavirus no les va a hacer ni toser una noche y la supuesta ‘diversión’ pasa por ver cuántos se contagian y, de ese modo, se convierten en inmunes al bicho de marras. Más allá de que sean incapaces de meter en la ecuación a sus padres y abuelos, a los que el coronavirus que ellos lleven a casa sí puede matar con más facilidad, me sorprende que no hayan leído ni una línea para saber que se desconoce todavía cuánto tiempo dura la inmunidad y que también mata a jóvenes. 
Mal, muy mal le va a ir a la humanidad con estas nuevas generaciones de lerdos que son incapaces de leer un periódico para ir por la vida con algo más de información que la que les entra por los ojos en los segundillos que dura un TikTok o una de sus stories; los más avezados hasta se leerán unos hilos de Twitter y se meterán cerca de un millar de caracteres entre pecho y espalda.
En España no hacemos fiestas covid –que se sepa todavía–, pero ya hemos visto terrazas a rebosar, pubs desmadrados y aberraciones de todo tipo. Como cuando no había un virus asesino por ahí danzando, uno que hace nada se encargó de colapsar nuestros hospitales, de recluirnos en casa durante casi tres meses y de llevarse por delante miles de vidas.