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Julio Valdeón

A QUEMARROPA

Julio Valdeón

Periodista


Moderna no vale

08/10/2021

Ahora resulta que Moderna no vale. Se lo escribe un veterano de los dos pinchazos de la vacuna del ARN mensajero. Un pinchazo primero y después el otro dos, dos banderillazos de Moderna, perdidos en alguna playa perdida de la vacuna. Cuando parecía que todos estábamos listos para morir ahogados por el beso del Covid y sus venenos asociados. Pues bien. Pues vale. Pues parece que varios países escandinavos han puesto precio a la cabellera de Moderna y a nosotros, tristes tontos con las dos dosis inoculadas, no nos queda otro remedio que resignarnos y asumir lo que nos viene encima. Lo que nos cae sobre las vértebras. Lo que viene a salvarnos sin remedio. Que no sería otra cosa que la enfermedad, multiplicada por mil, gracias a la la confianza quebrada en las autoridades sanitarias y en la seguridad que debería de aportarnos una vacuna teóricamente mal probada. Aunque en realidad el problema pasa porque no nos acostumbramos a asumir como inevitables unas incertidumbres que van de la mano de la buena ciencia y su corolario inevitable, la realidad. Ahora resulta, o sea, que debemos negarnos al pinchazo y que la mejor garantía para seguir con vida consiste en montar una empalizada de dudas y maderos frente a las teorías convencionales, poniendo todos los problemas posibles a los intentos de subsumirse a la corriente general. Ahora es, vamos allá, ojitos cerrados y no lo pienses, el tiempo inaugural de los que odian la ciencia y sus demostraciones, los adictos a la sabiduría popular no filtrada por el conocimiento, los nostálgicos del paleolítico como jauja no hollada por los mejores,  paraíso por escribir de todos los cabestros convencidos de que pueden y deben imponer su relato más allá de lo que digan los supuestos expertos, los teóricos del clima, los sabiondos de la vacunación y los anticuerpos, a los que habría que exterminar, o cuando menos llamar y poner el fila india, delante de los cañones, por expertos y por listos, por élite, por coñazo que no ceja en su empeño de dar la chapa y por rematados, inabarcables sinvergüenzas.