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Maite Rodríguez Iglesias

PLAZA MAYOR

Maite Rodríguez Iglesias

Periodista


Calderilla

09/10/2021

La pandemia ha motivado muchos e importantes cambios sociales y de hábitos, de los que muchos ya no tienen vuelta atrás, sobre todo los vinculados a la digitalización. Cuestionarlos o apostar por una transición  no es equivalente a ponerse nostálgicos o rechazar la evolución, pero es básico asegurarse de que la implantación y el uso masivo  de las nuevas tecnologías no deja a nadie atrás.
Es verdad que cada vez hay menos analfabetos digitales, grupo en el que no debemos pensar que solo están las personas mayores. Pero sí que hay un incipiente fenómeno de exclusión digital, que afecta a una parte de la población, que por uno u otro motivo no puede acceder a estas tecnologías, no las sabe usar o no quiere usarlas.
El debate esta  semana se centra en Valladolid por la eliminación del pago en metálico en Auvasa, pero también es extensible al fenómeno del progresivo cierre de entidades bancarias, que obliga al uso de aplicaciones móviles para realizar la mayoría de operaciones o desplazarse, incluso varios kilómetros, para acceder a un cajero.
 En el caso de Auvasa se ofrecen al viajero distintas alternativas de pago vía móvil, web o app, pero hay un porcentaje de población que clama por seguir pagando con monedas. La decisión de la empresa se basa en que solo es un 1,7%, y que eso no justifica los costes de gestión, además de favorecer la mejora de la velocidad comercial. Pero más de un usuario  lo ha calificado esta semana de despotismo digital. Esa defensa por mantener el pago en metálico, sobre todo en los servicios públicos, pero también en comercios, se vincula con la libertad de elección de los usuarios. Y, además, debe evitar la exclusión de los colectivos sociales más vulnerables.
La desaparición de los pagos en metálico ya se discutió en el Congreso de los Diputados. En este  caso la propuesta se justificaba para reducir los pagos en negro y por tanto el fraude fiscal. El límite que se ha fijado es de 1.000 euros, pero la Comisión Europea obliga, de momento, a todos los Estados miembros a la aceptación de billetes y monedas en euros como medio de pago en transacciones minoristas. Se consideran su eliminación una verdadera distopía para esos colectivos más vulnerables y un paradigma de la desigualdad. Se trata de evitar que una sociedad cada vez más virtual desdibuje la realidad actual.