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Alfonso González Mozo

PLAZA MAYOR

Alfonso González Mozo

Periodista


1,499

02/10/2021

Valga el numerito de ahí arriba como título de este artículo. Valga como metáfora de la escalada de precios que estamos viviendo en casi todos los ámbitos de esta sociedad coincidiendo con el final de una pandemia que parece haber colocado a unos pocos en la rampa de salida hacia una recuperación económica que no van a tener problema en conseguirla a costa de los de siempre.
El numerito es el precio al que aboné esta semana el litro de gasolina. De la 95 y normal, ni 98, ni 95 premium, ni nada... Ni siquiera lo pagué por darme el ‘lujo’ de ir a una estación de servicio atendida y no tener que hacer yo el trabajo por el que antes retribuían a unas cuantas personas. Fue un repostaje de esos casi de emergencia, de camino al trabajo sin mucho tiempo para elegir y en el que uno está pensando más en lo que tiene que hacer a continuación, que en lo que está haciendo en ese momento.
Para, abre la tapita, enfúndate el guante, agarra la manguera y aprieta hasta el fondo, como queriendo que el depósito se llene en segundos. Pero no, la cosa siempre necesita unos minutos y después de mirar aquí y a allá, meditar sobre si debería aprovechar para un lavado y leer los cartelitos de siempre sobre la distancia y la mascarilla, alzas la vista hacia el surtidor para ver cómo va la cosa y descubrir con asombro que estás repostando a 1,499 euros el litro. Tras mirar al panel luminoso de los precios y comprobar que no ha habido error en la elección del carburante, arranca el cabreo.
1,499 euros por litro son casi 75 euros en un depósito de 50 y hace un año la cosa estaba en 1,20, con lo que el repostaje salía por unos 60. Es decir, que la gasolina ha subido un 25% en doce meses, que a ver quién es el majete que puede decir que ha tenido una revisión al alza de su nómina del 25% en un año.
Si lo traducimos a un consumo anual, la cosa se va a los 400 euros extra en carburante para el coche y dicen los expertos que lo de la luz va a suponer a cada familia unos 500. Y, claro, deberíamos multiplicar por dos (coches que suele haber en cada hogar) el sobrecoste gasolinero familiar, con lo que el asunto adquiere ya unos tintes tan vergonzantes como el tema de la luz, aunque este no se lleve titulares, porque ahora cualquier iluminadín saldría diciendo que es tan sencillo como dejarlo aparcado e ir en bici, bus, metro, tranvía... o a pie.