Punto cardinal

Imelda Rodríguez

Rectora de la UEMC. Especialista en Comunicación Política


Desnudez total

10/05/2020

Nos encontramos en un punto fronterizo entre el miedo y la ilusión, entre la preocupación y la fe, entre el sufrimiento y la energía. Así estamos. Desnudos en medio de una sociedad confinada y conectada. Una ciudadanía ansiosa por conocer y unos políticos calibrando la mejor forma de comunicar. Afanados por proyectar una imagen pública impoluta (para salvar los ropajes que, en muchas ocasiones, ocultan la verdad, o sea, la desnudez total). Somos lo que comunicamos y ahí no hay trampa ni cartón (antes o después emergen nuestros principios y nuestra solidez). La autenticidad siempre empuja más fuerte. Es indudable que la habilidad comunicativa condiciona la variable más poderosa para un gestor: ser capaz de conectar con las personas. Piensen en los responsables gubernamentales que batallan contra el Covid-19, en estos momentos. Yo les propongo a Jacinda Ardern, Tsai Ing-wen y Mette Frederiksen. ¿Su imagen política ha estado a la altura de esta crisis sanitaria? Rotundamente, sí. Por sus ideales, su comunicación y sus resultados. Su talento para la resolución de problemas y su ética ha dado respuesta al rompecabezas presente, con un atino casi insuperable. Porque un país azotado por una crisis sanitaria no puede suponer, de ninguna forma, que su gobernante también lo esté.
Hace unos días, tuve la oportunidad de exponer, en un encuentro virtual con gobernantes municipales de Latinoamérica, las claves del Método AIPOC (Análisis de Imagen Política Contrastada) que creé hace años para medir el liderazgo público y que agradezco que, tras su aplicación en distintos países, pueda contribuir a mejorar la calidad global de los gestores públicos. La potencia de este liderazgo está en la firmeza desde la acción, la compasión y la comunicación. Es el bastión de los líderes auténticos. Un valor con un dominio de 360 grados, con el mayor poder de influencia, en la actualidad. Porque la opinión pública ya no tolerará medias tintas. No ha llegado esta tempestad para descartar la calma que merecemos. La firmeza se manifiesta, sin límites, a través de la empatía, la inteligencia práctica, la claridad, la capacidad resolutiva y la austeridad emocional (sin sensiblerías). ¿Qué la evapora? La falta de claridad, de precisión y coherencia en la actuación, el desequilibrio entre el mensaje político y el técnico, la rigidez humanitaria o la manipulación emocional. Estos errores comunicativos, sean involuntarios o propios de la estrategia política, provocan incertidumbre, confusión y desconfianza. Por lo tanto, son inadmisibles. 
Reclamemos la presencia de mujeres y hombres, al frente de la toma de decisiones generales, que pongan a fuego vivo la verdad, el sentido común y el compromiso. Reivindiquemos su pasión, su compromiso lúcido, su competencia y un alto sentido de la generosidad.  Solo con este bagaje, los dirigentes serán capaces de atinar en la respuesta a nuestros problemas, en el menor tiempo posible y con los mejores resultados. Son los líderes de la acción, la comunicación y la compasión. Las tres vías de la firmeza que necesitan hoy nuestras instituciones, organizaciones y empresas. Estamos en un tiempo nuevo, qué duda cabe. Transformar la vida de nuestros padres y de nuestros hijos, para dar luz, es a lo que están llamados los nuevos líderes (con dignidad y sin estrabismo). Los valores fundamentales, como la verdad (que renace siempre tras el despojo de la falsedad o la incompetencia), han crecido mucho y debemos esforzarnos para alcanzar este reciente nivel. Es un compromiso compartido, tras el coronavirus. Necesitamos líderes a la medida del amor. Es esencial que no lo olvidemos, es más, que lo exijamos, en esta inédita era de desnudez total.



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