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Fernando Jáuregui

TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Los premios 'Princesa de Asturias' necesitan una reflexión

23/10/2021

Dediqué la mañana de este viernes a analizar lo que los medios decían sobre los premios Princesa de Asturias de este año, que se entregaban en la tradicional ceremonia en el teatro ovetense Campoamor por la tarde. Me sorprendió el escaso destaque que se dedicaba al acto, más allá de que representaba el coyuntural regreso de doña Leonor del colegio en Gales en el que, lejos de España, estudia. Pocas, muy pocas, referencias a los premiados, quizá porque sus nombres no han logrado traspasar la 'barrera del sonido' en un país, el nuestro, donde hay cada día tantos ruidos atronadores. Y eso es lo malo: los premios, que tanto brillo tuvieron y tanta atención suscitaron, no están logrando competir suficientemente en el panorama de la actualidad.

Conste que los premiados, desde el 'chef' José Andrés hasta la nadadora paralímpica Teresa Perales, pasando por Gloria Steinem, Marina Abramovic, Emmanuel Carrere y los demás, merecen, hasta donde sé y conozco -no a todos, desde luego_, tan importante galardón, que fue una muy buena idea para resaltar el papel internacional en lo cultural, lo económico y lo social del heredero al trono español. Acudí puntualmente durante muchos años a la ceremonia, emocionante no pocas veces, digna de recuerdo casi siempre. Luego cambiaron los equipos (y las ideas) y llegó una cierta decadencia, esa es la verdad. Quizá, en parte, porque los jurados son, dice mi amigo Ignacio Camacho, "demasiado políticamente correctos".

Se trata de evitar cualquier conflicto, arista o escándalo. Y unos premios que quieran destacar han de tener también algo de todo ello, en las debidas proporciones. ¿Qué hubiese sucedido, por ejemplo, si uno de los premios se hubiese entregado al valeroso disidente ruso encarcelado por Putin, Alexei Navalny, que, por cierto, acaba de ser recompensado en la UE con el premio Sajarov? ¿No hubiese tenido mucho más eco conceder el premio a la comunicación al periodista Roman Protasevich, tan ilegalmente capturado y encarcelado por el feroz dictador bielorruso Lukashenko, y del que hoy nada se sabe? Y ¿cómo es posible que estos premios no hayan ensalzado, ateniéndome tan solo al campo profesional en el que me muevo, la memoria del periodista crítico Jamal Khashoggi, tan brutalmente asesinado en el consulado de Arabia Saudí?

Sí, ¿qué hubiese ocurrido? ¿Una protesta de la embajada correspondiente? ¿Y? Claro, no se quiere mezclar a la familia real con cualquier acción que, aunque sea justa, pueda derivar en conflictiva. De ahí que los premios vayan perdiendo interés, y no precisamente por el virus, ante la opinión pública, y toda la expectativa se centre en lo que puedan decir Felipe VI o su hija, destinada a heredar la Corona --y ojalá las previsiones se cumplan--, en sus discursos en el Campoamor. Pero la tónica de estos discursos, basados en la prudencia --no podría ser de otra forma, aunque ocasionalmente tal prudencia se extreme--, se acomoda a lo habitual, las buenas y bellas palabras que, al día siguiente, buscan afanosamente una interpretación aspirando a ser titular periodístico.

Creo, en suma, que el diseño, la ambición y la realización de estos premios necesitan una profunda reflexión. Los 'Príncipe de Asturias', hoy 'Princesa de Asturias', me han parecido siempre una buena herramienta para forjar una imagen del futuro rey, la futura reina en este caso. Creo que el mundo cambia, y la institución monárquica ha de adaptarse con mayor rapidez a estos cambios: incluso la denominación de los premios ha cambiado porque ahora la heredera es una mujer. No estoy seguro de que doña Leonor haya debido ir a estudiar dos cursos en tierras de Gales; sí estoy seguro de que sus presencias en España, donde aún es casi una desconocida, no habrían de acomodarse casi exclusivamente a ceremonias que se van acartonando. Cuánto siento, en este caso, tener que decirlo.